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A LOS MEDIOS DE COMUNICACIÓN SOCIAL


Hace 27 años, en 1975, en la parroquia de Santa Rosa de Lima, el homosexual sacerdote español Leopoldo Barreiro Gómez, comenzó su millonaria y escandalosa estafa; y, por el bien de todo el mundo, ya es hora de enjuiciarlo y condenarlo, para que no siga cometiendo mayores fechorías impunemente.

Gracias a Dios, tenemos suficientes pruebas fehacientes para demostrar que los máximos dirigentes del Opus Dei en España y El Salvador, han estado encubriendo y encumbrando a altos cargos eclesiales al homosexual estafador sacerdote español Leopoldo Barreiro Gómez, sin importarles los daños y perjuicios causados a sus víctimas y a nuestra Iglesia Católica.

Además de enjuiciar y condenar al homosexual estafador sacerdote español, hay que enjuiciar y condenar a Monseñor Fernando Sáenz Lacalle, al actual Arzobispo de San Salvador, quien a su vez es Presidente de la Conferencia Episcopal de El Salvador, a más de ser el máximo dirigente del Opus Dei en nuestro país, entre otras altas distinciones que ostenta, ya que él y nadie más que él es quien en nuestra nación lo ha vuelto a encubrir y encumbrar a altos cargos eclesiales.

El recién constituido Tribunal Eclesiástico de El Salvador nunca podrá juzgar y condenar al homosexual estafador sacerdote español y a Monseñor Fernando Sáenz Lacalle, nunca podrá hacerlo como es debido, porque los corruptos seguirán utilizando el poder del Opus Dei para impedirlo. Aunque Monseñor Ricardo Urioste se propusiese actuar de buena fe, no podría hacer prevalecer la justicia en el Tribunal Eclesiástico, ya que dilatarían y embarullarían durante décadas su fallo de tal forma que los efectos seguirían siendo perniciosos para las víctimas, en cuanto que los prelados del Opus Dei en España y El Salvador no respetan la dignidad de nadie, y mucho menos la justicia cuando se denuncia la corrupción de sus máximos dirigentes, por muchos testigos y pruebas fehacientes que se les presenten para demostrar su inmoral conducta.

En 1990, cuando Monseñor Arturo Rivera Damas era Arzobispo de San Salvador, después de una década de estarle suplicando que cambiara de actitud al homosexual estafador sacerdote español Leopoldo Barreiro Gómez, en menos de diez días lo obligué a renunciar a la Secretaría General de nuestra Conferencia Episcopal, cuando de imprevisto lo invité a rezar el Padrenuestro en la misa inaugural de nuestro renovado templo parroquial. El 1 de agosto le supliqué, públicamente, que el 30 de agosto de 1990 viniera a nuestro pueblo a colocar la primera piedra del Edificio Clínica Casa Comunal que en 1975 nos prometió construir; y, en menos de 10 días, prefirió renunciar a la Secretaría General de nuestra Conferencia Episcopal, porque ese degenerado sacerdote español le tiene pánico a Santa Rosa de Lima, ya que él sabe que aquí miles de cristianos conocen su depravación sacerdotal.

Como el homosexual estafador Leopoldo Barreiro Gómez dominaba al otrora anciano Obispo Monseñor José Eduardo Álvarez, a Santa Rosa de Lima nos enviaron a otro sacerdote degenerado, quien se dedicó a manipular a nuestra feligresía y excomulgarnos a todos los que no estábamos de acuerdo con la corrupción sacerdotal. Después de haberlo tenido que soportar durante 18 años, tras una serie de escritos que publiqué para desenmascarar su depravación sexual y pastoral, el año pasado, en el mes de diciembre, nuestro nuevo Obispo, Monseñor Miguel Ángel Morán Aquino, lo trasladó a la parroquia de Guatajiagua. Este año, el pederasta sacerdote salvadoreño José Benigno Parada Alfaro, no se atrevió a venir a concelebrar la misa del 30 de agosto en honor a Santa Rosa de Lima, no se atrevió a venir a darnos la Sagrada Eucaristía a todos sus antiguos excomulgados, no se atrevió a volver a negarnos la ostia consagrada ante todos los monseñores y sacerdotes que asistieron a nuestro excelso evento eclesial, porque aquí, en Santa Rosa de Lima, ya perdió todo el maligno poder que ejercía con despiadada infamia.

Durante dos décadas, en mis escritos los he estado retando a que me demanden en los Tribunales de Justicia, y no se han atrevido a hacerlo, porque tenemos pruebas y testigos suficientes para demostrar su depravación sacerdotal. Si el máximo dirigente del Opus Dei en El Salvador se atreviese a demandarme judicialmente por desenmascarar su corrupción, entre otras muchas cosas, en los Tribunales Civiles demostraré que fue él quien volvió a encumbrarlo a otro alto cargo eclesial, después que lo quité de la Secretaría General de nuestra Conferencia Episcopal, sin importarle causarnos mayores daños y perjuicios en El Salvador y en España.

Nuestro Señor Jesucristo aseguró que “la verdad nos hará libres” y la verdad que nos hará libres deben conocerla todos los hermanos y hermanas salvadoreñas, a través de los canales de televisión de El Salvador; y es por ello que reto al sacerdote Leopoldo Barreiro Gómez, a Monseñor Fernando Sáenz Lacalle y al Notario de El Salvador Dr. Juan Serarols h., hermano de mi madre Carmen Serarols de Medrano, a que se enfrenten públicamente conmigo, para demostrarles ante las cámaras de televisión de El Salvador, para demostrarles ante todo el mundo, que el corrupto sacerdote español Leopoldo Barreiro Gómez profanó con sus aberraciones sexuales el templo de Santa Rosa de Lima, la sede de la Nunciatura Apostólica en la Colonia Escalón, la sede de la Conferencia Episcopal en la Colonia Layco, además de otros templos de España, Alemania e Italia, así como las casas de su familia en Villagarcía de Arosa y Nuremberg.

Ante las cámaras de televisión, voy a demostrarles las millonarias estafas, robos y despilfarros que ese perverso sacerdote español ha cometido en Europa y El Salvador, voy a presentar las valiosas propiedades inmobiliarias que ha adquirido en nuestro país y sus inversiones mercantiles, voy a denunciar las amenazas de muerte y las inmisericordes prohibiciones que me ha impuesto, la forma cómo ha utilizado el poder eclesial para engañar y estafar a miles de feligreses, familiares y amistades, así como los multimillonarios daños y perjuicios que nos ha causado con las mentiras y calumnias que durante 27 años difundió para explotar y desprestigiar a cuantos católicos deseamos y nos propusimos hacer obras sociales en Santa Rosa de Lima. Entre otras muchas cosas, voy a explicar la forma cómo ha utilizado a la familia Serarols Sirach-Tomás Carbonell para estafar a los pobres salvadoreños. Y lo voy a hacer, con lujo de detalles, para que no sigan cometiendo tales fechorías en nuestro país.

Los medios de comunicación de El Salvador tienen que servir para que el pueblo salvadoreño se libre de la ignorancia, no para que los sacerdotes y monseñores estafadores los sigan utilizando para enmascarar su hipocresía con falsos y cínicos mensajes pastorales. Este año el hipócrita Monseñor Fernando Sáenz Lacalle declaró en los medios de comunicación de nuestro país, que no existía ninguna denuncia contra ningún sacerdote. A ese mentiroso dirigente del Opus Dei, ante las cámaras de televisión, en su propia cara, ante todo el mundo como testigo, voy a demostrarle que se ha dedicado a encubrir y encumbrar a su degenerado colega español, y que a partir de ahora ya no podrán destruir mis denuncias presentadas, porque toda la documentación la difundiremos por Internet y discos compactos. Gracias a la libertad de expresión que hemos logrado conquistar en nuestro país, muchas corrupciones están siendo desenmascaradas, y no para satisfacer intereses egoístas, sino para honra y gloria de El Salvador.

El mentiroso monseñor español Fernando Sáenz Lacalle y el depravado sacerdote español Leopoldo Barreiro Gómez, de inmediato, obligadamente, deben renunciar a todos los altos cargos eclesiales que ostentan en El Salvador, y durante el resto de sus vidas deberán permanecer recluidos en un monasterio de España, expiando sus pecados. Mientras no renuncien a sus cargos eclesiales en El Salvador, no encontrarán lugar en el mundo donde ocultar su hipocresía y degenere, y cada día que se nieguen a cumplir lo que les exijo, arderán cada vez más en el infierno que desde España vinieron a crear en El Salvador. Tal como en Galicia se lo prometí hace dos décadas, en El Salvador le demostraremos al Cardenal Antonio María Rouco Varela, actual Arzobispo de Madrid, Presidente de la Conferencia Episcopal Española y máximo dirigente del Opus Dei en España, que a los corruptos dirigentes del Opus Dei en El Salvador ni en ninguna otra nación del mundo les conviene seguir encubriendo y encumbrando a altos cargos eclesiales a homosexuales estafadores sacerdotes y religiosos como el español Leopoldo Barreiro Gómez.

Mientras esos dos cínicos y egoístas máximos dirigentes españoles del Opus Dei no renuncien a todos los cargos eclesiales en El Salvador, mientras no se vayan para siempre de vuelta a España, muchos otros hermanos y hermanas salvadoreñas se dedicarán a denunciar públicamente la depravación sexual y el ilícito enriquecimiento y envilecimiento del homosexual estafador sacerdote español Leopoldo Barreiro Gómez. Y no pararán de presentar más pruebas y testigos, incluso en los Tribunales Civiles si es preciso, hasta que esos dos corruptos españoles se arrepientan de haber cometido tantos crímenes que ofenden la dignidad de la Iglesia Católica de El Salvador. Monseñor Fernando Sáenz Lacalle, mientras siga en nuestra nación centroamericana, nunca más podrá lavarse sus ladronas y ensangrentadas manos, ni podrá controlar su traicionera y venenosa lengua, no podrá seguir utilizando nuestro Arzobispado ni nuestra Conferencia Episcopal para imponer su codiciosa, mezquina y anticristiana doctrina pastoral, con su falsa religiosidad jamás volverá a engañar a los fieles hermanos y hermanas de El Salvador, por ser tan inmisericorde, hipócrita, soberbio y culpable como su depravado y perverso colega español.

A mi tío Nito, al hermano de mi madre, quiero recordarle que mi madre, Carmen Serarols, renunció a la herencia de su familia por amor a mi padre, Daniel Medrano. A mi madre nada ni nadie logró hacerla desistir de casarse con mi padre, y después de casarse en San Salvador, ambos se vinieron a Santa Rosa de Lima, a comenzar a construir su hogar desde la extrema pobreza, y de todo lo bueno que hicieron en nuestro pueblo yo soy su único hijo heredero, y mi obligación como hijo es honrar a mi padre y mi madre. Todos los miembros de la familia Serarols Sirach-Tomás Carbonell, ya cumplieron y seguirán cumpliendo su obligación de amar a mi madre, como hermanos y hermanas de mi madre, como cuñados y cuñadas de mi madre, como sobrinos y sobrinas de mi madre, incluso cumplieron con la sagrada obligación cristiana de sepultarla y rezarle novenario de misas con todas las amistades, y seguirán cumpliendo con la obligación de recordar por siempre su ejemplar vida, porque a mí, a su único hijo, tampoco nada ni nadie me ha hecho desistir de mis cristianos propósitos, de servir a nuestros hermanos y hermanas pobres en todo el mundo, como nuestro Dios Padre nos manda y ordena, con obras de justicia y misericordia que los dignifique como seres humanos y los libre de la ignorancia, la marginación, la corrupción y el desempleo.

El oportunista e inescrupuloso sacerdote español Leopoldo Barreiro Gómez, en la década de los setenta se fue a Roma, a Doctorarse en Derecho Canónico, y de allá regresó en la década de los ochenta, pero no demostrando que se había superado como miembro de nuestra Iglesia, sino utilizando su ponzoñosa lengua para hacer sufrir y deshonrar a mi anciana madre y a muchos más parientes y amistades. Como cristiano me ofende infinitamente la injusticia que han cometido y siguen cometiendo los corruptos sacerdotes, monseñores y cardenales que se dedican a explotar y deshonrar a los fieles miembros de nuestra Iglesia Católica. Como cristiano también me ofende infinitamente la injusticia que han cometido y siguen cometiendo los corruptos pastores y miembros de todas las Iglesias Cristianas que hipócritamente e inmisericordemente se dedican a deshonrar a nuestra Santísima Madre Virgen María, en su necio afán de seguir corrompiendo y explotando a más hermanos y hermanas cristianas.

Como fiel hijo cristiano, en espíritu y en verdad, por ser justo y necesario, por ser nuestro deber y salvación, desde Santa Rosa de Lima, para honra y gloria de El Salvador, cumpliendo los Sagrados Mandamientos de la Ley de nuestro Dios Padre, a todos los sacerdotes, monseñores, cardenales y demás miembros de nuestra Iglesia Católica, los estoy obligando a honrar a mis madres y a todas las madres del mundo, y a sus hijos e hijas, sin discriminación alguna.

Como fiel hermano cristiano, en espíritu y en verdad, por ser justo y necesario, por ser nuestro deber y salvación, desde Santa Rosa de Lima, para honra y gloria de El Salvador, cumpliendo los Sagrados Mandamientos de la Ley de nuestro Dios Padre, a todos los pastores y miembros de todas las Iglesias Cristianas, para que no sigan corrompiendo la cristiandad, para que no sigan siendo hermanos y hermanas espiritualmente desmadradas, los estoy obligando a honrar a nuestra Santísima Madre Virgen María, y a demostrar su fe cristiana no con palabras y actitudes vanas, sino con obras de justicia y misericordia que nos unan como verdaderos hermanos y hermanas cristianas, sin discriminación alguna, participando todos en la realización de obras que nos libren de la ignorancia, la marginación, la corrupción y el desempleo.

Durante 22 años, siempre por escrito, me he enfrentado a los predicadores hipócritas, a sabiendas que son legiones de predicadores hipócritas los que denigran la cristiandad. En El Salvador y en muchas otras naciones y pueblos, muchos niños y jóvenes han sido manipulados para satisfacer los asquerosos placeres de los sacerdotes pederastas y homosexuales, y ellos mismos con artimañas se encargan de engañar y manipular a nuestros hermanos y hermanas cristianas, para que encubran su corrupción sacerdotal y destruyan a los fieles que luchamos por sanear la Iglesia Católica. Para seguir tratando de guardar las apariencias, muchos religiosos, sacerdotes, monseñores y cardenales hipócritas, dirán que ellos no sabían nada.

Muchos niños, jóvenes y padres de familia, en Santa Rosa de Lima y en muchos otros pueblos de El Salvador y del mundo, no denuncian la corrupción sacerdotal, prefieren guardar silencio, para no pasar mayores penalidades en sus comunidades y círculos de amistades o trabajo. Comprendo el sufrimiento que padecen en silencio, comprendo el malestar e impotencia de miles de cristianos que prefieren huir de nuestra Iglesia Católica, comprendo la vergüenza y angustia que sufrirán si se enfrentan públicamente a los religiosos, sacerdotes, monseñores y cardenales corruptos y a los cobardes que los encubren y se someten a su maldad. Para evitarles ese trago amargo, yo voy a beberlo. Al igual que nuestro Señor Jesucristo venció a la muerte, asimismo voy a vencer a las legiones de predicadores hipócritas que existen en todo el mundo. Para vencerlos no tengo ningún arma secreta, sino la Palabra de Dios.

Nuestro Dios Padre dice: «Siervo mío eres tú, te he escogido y no te he rechazado»: No temas, que contigo estoy yo; no receles, que yo soy tu Dios. Yo te he robustecido y te he ayudado, y te tengo asido con mi diestra justiciera. ¡Oh! Se avergonzarán y confundirán todos los abrazados en ira contra ti. Serán como nada y perecerán los que te buscan querella. Los buscarás y no los hallarás a los que disputaban contigo. Serán como nada y nulidad los que te hacen la guerra. Porque yo, Yahveh tu Dios, te tengo asido por la diestra. Soy yo quien te digo: «No temas, yo te ayudo.»

Si en espíritu y en verdad los dirigentes de la Iglesia Católica y de todas las Iglesias Cristianas no ven lo que yo veo, es porque son ciegos, guías de ciegos; y yo, un pobre hermano de El Salvador del Mundo, gracias a nuestro Dios Padre y a nuestra Santísima Madre, veo el camino de salvación que millones de hombres y mujeres cristianas necesitan ver, para vivir como Dios manda y salvar sus almas.

Con el amor de El Salvador y de Santa Rosa de Lima y de todos los santos y santas, se los hago saber, a cinco de octubre de dos mil dos.

Alfredo Medrano

 
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