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A los medios de comunicación

Proyecto Generador de Empleo


A LOS MEDIOS DE COMUNICACIÓN SOCIAL

Si los pobres siempre trabajamos como esclavos,
¿por qué nunca tenemos derecho a vivir como Dios manda?

Cobranza de la Deuda Social


En España dentro de pocos días estaremos celebrando con grande entusiasmo las tradicionales Fiestas Navideñas, excepto los pobres que estamos desempleados desde hace tiempo y que no podemos pagar las deudas y comprar lo indispensable para comer con la dignidad que anhelamos. Los inmigrantes y refugiados además tendremos nostalgia por estar lejos de nuestros queridos hogares y de la tierra que nos vio nacer. Como siempre sucede, este fin de año para unos será motivo de alegría, mientras que para otros de tristeza. Que este testimonio laboral reviva el deseo de trabajar de los que habíamos perdido la esperanza de encontrar un empleo remunerado con justicia, y que la paz de la reconciliación con Dios y con su pueblo ayude a cambiar la mortífera actitud de aquellos hermanos nuestros que dicen que son cristianos y que han estado estafando a las instituciones benéficas y oponiéndose al desarrollo económico y social de nuestras naciones y continentes.

Confieso que no soy periodista académico, aunque sí soy miembro de la Asociación Oriental de Periodistas Independientes de El Salvador, gracias a un profesor y poeta de Santa Rosa de Lima que hizo las gestiones para inscribirme, después de estudiar buena parte del trabajo de investigación que he realizado y de escucharme en el programa radiofónico «Dialogando, franca y sinceramente, de cara al pueblo», a continuación del programa «Vida parroquial», donde todas las mañanas denunciaba la corrup­ción asistencialista, dirigiéndome directamente a los responsables de las estafas. Como decimos en nuestro pueblo, hemos tenido que abrirnos paso en el monte con hacha y machete, para librarnos de la guerra en que nos habíamos metido. Eran difíciles tiempos de guerra aquellos en nuestro país y algunos amigos y parientes temían que me asesinaran por las denuncias que realizaba. Mi labor informativa valió la pena, en cuanto que muchas personas de nuestro pueblo comenzaron a indagar y comprobar por su propia cuenta cómo los dirigentes de las instituciones benéficas nos utilizan para estafar a millones de europeos que desean solidarizarse con nuestra causa, y de cómo esos señores que dicen ayudarnos nos estafan a nosotros también.

Este testimonio lo he redactado para impactar en la conciencia de los investigadores de todas las ciencias y artes, a fin de que se dediquen a reconocer y corroborar los fraudes asistencialistas que denunciamos, así como a conocer y disfrutar las iniciativas laborales que han estado despreciando y aniquilando los dirigentes de las instituciones benéficas. Mi propósito no es demostrar que me puedo aprender al dedillo y aplicar en este documento todas las normas del Libro de Estilo de ABC y de El País, sino ampliar el macrojuicio que hace quince años comenzamos a promover en Galicia para reconvertir el fraudulento sistema asistencialista internacional. En cuanto al estilo, adrede dejo sin contestar una serie de interrogantes para traspasarle la inquietud a los investigadores y reporteros. El hecho de que los salvadoreños hayamos sido capaces de entablarle públicamente un macrojuicio a las hipócritas y poderosas organizaciones humanitarias que han perdido y continúan despilfarrando ingente cantidad de recursos solidarios, se debe a que en nuestra querida república centroamericana llevamos ya bastante tiempo administrando justicia como miembros de los jurados. Yo he nacido y crecido en ese ambiente de justicia popular. Los civiles salvadoreños hemos desarrollado una cultura especial en cuanto a la aplicación de la justicia, a tal grado que podemos asegurar y demostrar que estamos muchísimo más evolucionados en el ejercicio de este derecho que los ciudadanos españoles. En la sabiduría de la justicia la casi totalidad de los españoles aún no han nacido siquiera, ya que hasta el próximo mes de enero de 1996 comenzará a aplicarse en España la Ley del Tribunal del Jurado. Aquí los españoles han estado pasando de la justicia porque toda la responsabilidad se la han delegado exclusivamente a unos cuantos jueces que se dedican a analizar pruebas y dictar sentencia. Hoy en día la única experiencia respecto a la justicia que tiene la ciudadanía española sólo la han adquirido comprando televisores y pagando entradas en los cines para presenciar cómodamente las muchas películas que se han rodado en nuestro continente durante el presente siglo. Ese retraso cultural de los españoles respecto a los salvadoreños, esa falta de experiencia democrática en la aplicación de la justicia, aunque no lo quieran creer, se nota a la hora de analizar las causas y consecuencias de los hechos, así como en la madurez que proporciona la responsabilidad de analizar reiteradas veces las pruebas y tomar determinaciones firmes antes de dictar sentencia. Que les quede bien claro: ya dictamos sentencia condenando el fraude asistencialista y nuestra sentencia deberá cumplirse en todo el mundo.

El problema del desempleo es grave tanto en España como en todas las naciones del planeta. Los españoles desempleados, al igual que los extranjeros, estamos siendo explotados por empresarios inescrupulosos que se aprovechan de nuestra desesperada situación, viéndonos muchas veces obligados a trabajar clandestinamente en empresas que no están legalizadas y que no pagan los impuestos a Hacienda ni a los Ayuntamientos ni a los Gobiernos Autonómicos ni las cotizaciones a la Seguridad Social, en puestos de trabajo sin contrato legal alguno, pagándonos dinero muy por debajo de lo establecido en los convenios colectivos, sometiéndonos a jornadas intensivas de trabajo y malos tratos, sin pagarnos las horas extras laboradas, sin poder cobrar las pagas extraordinarias anuales a que tenemos derecho, sin el equipo apropiado al riesgo que muchos trabajos implican, sin pagarnos indemnizaciones en caso de accidente, despidiéndonos cuando les da la gana sin justificación alguna, sin ningún derecho a cobrar el seguro de desempleo y, a los extranjeros, sin derecho a recibir los servicios médicos hospitalarios y sin posibilidad de legalizar nuestra residencia, con el consabido riesgo de que en cualquier momento las autoridades policiales procedan a incoar el expediente de expulsión y sin nuestro consentimiento nos deporten para nuestras naciones. Nosotros generamos beneficios para las empresas que trabajamos, pero muchas fracasan y desaparecen de la noche a la mañana porque son creadas por personas con escasa o nula cualificación para dirigir y perpetuar una empresa, cayendo muchas veces en las garras de personas corruptas que se dedican a estafar a las personas o empresas que solicitan sus servicios, dejándonos en mal predicado a los trabajadores, como nos ha estado sucediendo a millones de mujeres y hombres que ilegalmente trabajamos en la construcción y reforma de viviendas, en talleres y factorías, limpieza y mensajería, servicio doméstico y beneficencia, compra y venta de diversos productos, recolección y manipulación de materiales reciclables, agricultura y acuicultura, en mucho tipo de empresas más. Por eso, en cuanto que nuestra circunstancia en España es similar a la que padecemos en nuestras naciones, para librarnos del desempleo en una nueva fase de solidaridad internacional, después de milenios de experiencia en el tema de la cooperación laboral, ahora comenzamos a desarrollar en Madrid nuestro Proyecto Generador de Empleo de Carácter Innovador.

En este testimonio varias fechas coinciden con la narración, en cuanto que es algo vivo, no de mi invención, sino expresión de la realidad cotidiana y memoria de otros tiempos, de nuestras vidas en soledad y sociedad. En ninguna parte de este testimonio estoy inventando un mundo ideal, sino descri­biendo los acontecimientos que vemos, demostrando que ya vivimos muchas experiencias que nos permi­ten tomar una serie de determinaciones para usar racionalmente los abundantes recursos de todo tipo que disponemos para el desarrollo y preservación de nuestras personas, familias, pueblos, naciones y continentes. Lo he redactado como cosa mía, tuya, nuestra, vuestra, de todos; porque la vida misma es así, al igual que pertenece a cada quien, también pertenece a los demás. Hoy en España cualquiera puede expresar lo que piensa, consciente de que nadie vive aislado; todo lo que hacemos nos beneficia o perjudica a nosotros mismos, al igual que a otros seres vivos, sean de nuestra misma especie o no, estén cerca o lejos, los conozcamos o no, nos interese abrazarlos o no, lo comprendamos o no, lo queramos o no.

Durante los últimos cinco siglos en todo nuestro continente hemos luchado para librarnos de la miseria y la masacre que nos impusieron desde Europa. En Centro América siempre hemos luchado para librarnos de la esclavitud antigua y moderna. Antes nos impedían escapar con enormes grilletes, ahora nos estrangulan con elevados intereses; antes nos azotaban para que trabajáramos, ahora nos extor­sionan con salarios y precios miserables; antes por la fuerza bruta nos robaban nuestro oro y nuestra plata, ahora nos continúan estafando con la brutalidad de sus leyes e instituciones; antes utilizaban espada y arcabuz para asesinarnos, ahora usan tanques y aviones; antes destruían nuestra cultura, ahora destrozan nuestras selvas y contaminan nuestras aguas; antes nos despreciaban más, ahora nos quieren menos; antes porque creían que no éramos seres humanos, ahora porque creen que no valemos nada. Los europeos han estado utilizando la Biblia a su manera y conveniencia, hasta que comenzamos a estu­diarla por nuestra propia cuenta. Así descubrimos lo que ya sabíamos, que son hermanos nuestros los que nos explotan y asesinan. Siempre hemos sabido que la hipocresía de los estafadores no es nada bueno. Ya pasamos por muchas guerras y ahora queremos comenzar a disfrutar la paz y el desarrollo de nuestros pueblos, conviviendo como verdaderos hermanos, luchando por un objetivo común, por la preservación de la vida del hombre y de este planeta que es hogar de todos.

En las cadenas de televisión española desde hace años tienen programas especializados para buscar parientes perdidos, incluso en otros continentes y países en guerra, interviniendo con su buen quehacer los profesionales de la comunicación para que los desaparecidos retornen a sus antiguos hoga­res, a abrazarse con sus abuelos, con sus padres, con sus hermanos, con sus hijos, con sus nietos, con todos los del pueblo que desean abrazarle de nuevo. El padre Leopoldo Barreiro Gómez, nuestro antiguo cura párroco gallego, desde hace quince años anda perdido, pero todos sabemos dónde se encuentra. Desde hace quince años se marchó de nuestro pueblo y no quiere regresar, a pesar de todas nuestras súplicas. A lo mejor con la ayuda de todo el mundo logramos convencerlo para que regrese. A nuestro hermano Leopoldo lo tenemos perfectamente localizado. Vive en la casa contiguo a la sede de la Confe­rencia Episcopal de El Salvador, a pocos metros de la antigua Embajada de Estados Unidos de Norteamérica en nuestro país. Nuestro caso es significativo, porque además de la reconciliación entre un sacerdote y los feligreses de su parroquia, también se trata de la reconciliación entre dos continentes que continúan separados debido al enriquecimiento inmisericorde de unos cuantos y al empobrecimiento de miles de millones de seres humanos de todo el mundo.

Muchos españoles pensarán que nuestro testimonio es demasiado fuerte y demostrarán su hipocresía haciendo declaraciones de todo tipo en contra nuestra. Y aseguramos que será hipocresía, porque nada han dicho, absolutamente nada han dicho, en ninguna parte, contra Vicenq Fisas, autor de libro que se está vendiendo en las librerías titulado «Secretos que matan» donde varias Organizaciones No Gubernamentales —Amnistía Internacional, Greenpeace, Intermón y Médicos Sin Fronteras—confiesan que desde Europa «primero exportan las armas, y después envían los humanitarios para que curen a las víctimas; todo en el mismo paquete comercial, como un servicio de postventa más.» También del mismo autor se está vendiendo otro libro titulado «La compasión no basta» y en él confiesan que «detrás de cada muerto, de cada esqueleto viviente, de cada enfermo y de cada refugiado hay motivos que debemos indagar, divulgar y remediar. Hay intereses, tráfico de armas, ambiciones políticas... no sólo forma parte del problema sino que constituyen el fondo de la cuestión.» A nuestro hermano europeo nadie lo crítica, porque es de los mismos que nos explotan; de nosotros dirán pestes, porque así le interesa económi­camente a sus egoístas intereses mercantiles. Tampoco necesitamos alabanzas, sino que mediten, que reflexionen, que vayan madurando, que actúen en consecuencia. Los europeos de las instituciones benéficas lo reconocen y lo confiesan en sus libros, según ellos «porque viven las consecuencias y están hartos de contemplar el cinismo del ciclo mercantil.» Eso mismo es lo que nosotros denunciamos. La diferencia estriba, quizá, en cuanto al ciclo mercantil, en que ellos se están dedicando a vender libros, mientras nosotros nos dedicamos a reconvertir el fraudulento sistema asistencialista internacional. La diferencia estriba, quizá, en que a ellos les remuerde su conciencia, mientras que a nosotros nos asesina su hipocresía y corrupción. La diferencia estriba, quizá, en que los trabajadores desempleados ya no creemos en las falsas promesas y políticas paternalistas. ¿De qué sirvió aquel libro titulado «Silencio, se mata» o el «Manifiesto Contra el Hambre en el Mundo» y tantos otros libros escritos por los miembros de las Organizaciones No Gubernamentales españolas y europeas? ¿Para que sirvió la «Guía de la Solidari­dad» redactada por la actual presidenta de Manos Unidas? ¿Cambió esa guía realmente en algo nuestra vida? Y no es que nosotros despreciemos su labor, sino sencillamente que ellos no pueden hacer nuestro trabajo cotidiano ni cumplir nuestras obligaciones. ¿Qué Médico Sin Fronteras, o qué sacerdote español, o la presidenta de Manos Unidas, por ejemplo, está dispuesto a asumir la responsabilidad ineludible y placentera de producir y ganar todo lo que necesita mi familia salvadoreña, trabajando duramente todos los días del año, sin vacación alguna nunca, durante toda su vida, abandonando todos sus planes personales, para dedicarse en cuerpo y alma, sin ganar ningún salario, sólo por un poco de comida y agua y un pedazo de cartón viejo para dormir en cualquier rincón, como si fuera esclavo nuestro o esclava nuestra? Les aseguro que en mi familia somos más de doscientos cincuenta hombres, mujeres, ancianos y niños, y a todos nos gustaría tener buenas casas, buenas comidas, buenos coches, buenos aviones para viajar, y todo lo bueno que los europeos disfrutan. Y no queremos desperdicios y podredumbres de nadie, sino cosas apetecibles y buenas, como las que les damos nosotros. Al médico o sacerdote español que me diga que está dispuesto a sacrificar su vida por mi familia, de primas a primeras, le diré: ¡Hermano, déjanos en paz, vete a trabajar como hombre y cumple tu obligación con tu familia! A la presidenta de Manos Unidas le diría lo mismo. Ni al más pintado de los multimillonarios del mundo se lo admitiríamos. Como hombres y mujeres responsables que somos, a nadie jamás le hemos admitido que cumpla con lo que es de nuestra absoluta responsabilidad. Mi familia es trabajadora, como cualquiera otra familia que le guste producir y ganarse todo lo necesario para vivir dignamente. Única­mente los que luchan por su dignidad entienden esto.

Aquí nunca nos han querido entender a los centroamericanos. Los europeos nos ofenden con sus donativos y, mucho más todavía, con sus menosprecios. Son costumbres ancestrales las que, en el fondo, gobiernan nuestras vidas. En el libro «La civilización maya», en la versión española de Adán Recinos, dice que los indios «tampoco son dados a la mendicidad. Durante los diecisiete años en que la Institución Carnegie llevó a cabo investigaciones arqueológicas en Chichón Itzá se mantuvo abierta una clínica libre para los indios de la región circunvecina. Aunque los indios llegaron a enterarse de que este servicio era gratuito, después de recibir tratamiento y medicinas, ofrecían pagar por ello, y como no se les recibía el pago, la siguiente vez que llegaban a Chichón Itzá traían presentes de víveres y bordados indígenas. Había en ellos una profunda necesidad de pagar el bien recibido.»

Somos así por naturaleza. En 1981 en Santiago de Compostela se constituyó la Asociación Gallega de Ayuda a El Salvador y ahora, para no quedar debiéndole nada a nadie, les traemos la Asociación Salvadoreña de Ayuda a España. A nuestra nación y continente han llegado con los donativos de la Campaña Contra el Hambre de Manos Unidas y con muchas más campañas religiosas, guerreras, comerciales y asistencialistas; y ahora, para que no nos sigan estafando, venimos con la Campaña Laboral Latinoamericana Contra el Hambre y la Corrupción en Europa y el Mundo. Nosotros no les traemos ropa usada, ni comida podrida, ni medicinas caducadas, ni políticas turbias, ni doctrinas perversas, ni armas mortales, ni drogas inhumanas, ni enfermedades inmisericordes, sino muchas más novedades y riquezas de nuestro continente. A los europeos en todas nuestras naciones llevamos cinco siglos dándole infinidad de oro y plata y muchos más bienes valiosos y alimentos, a cambio de miseria y muerte. Allá llegaron vuestros predicadores diciéndonos que todo lo nuestro era pecado y es por eso que siempre nos ha gustado darle nuestra riqueza a los hermanos nuestros que tantos males nos han causado. Antes de que se vayan de nuestros pueblos, siempre los cargamos de cosas valiosas, para que siempre se acuerden de nosotros, para que nunca olviden que también nosotros somos buenos. Grandísimas riquezas hemos invertido en este continente europeo durante cinco siglos y es por eso que ahora también nos pertenece. Los que en realidad nos quieren entienden por qué somos así.

Aquí muchos dirigentes de las instituciones benéficas dicen que nos quieren, pero la verdad es que se vanaglorian estafándonos, se les llena la boca con toda la porquería que dicen. Los que aquí dicen que quieren ayudarnos, han estado diciendo que «no es apropiado hablar de los valores culturales de esta gente, porque si se dice eso "la gente no da dinero".» Se nota que a esos estafadores les interesa más el dinero que lo que les interesamos nosotros. Por eso, los indios americanos, al igual que todos los pobres del mundo, ahora comenzamos a desarrollarnos en Europa con todos nuestros ancestrales valores culturales.


 
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