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A los periodistas y abogados de El Salvador

Comunicados


A LOS PERIODISTAS Y ABOGADOS DE EL SALVADOR


Soy autor de los libros «Los sacerdotes y monseñores corruptos en El Salvador crearon su propio infierno», «No te conviene seguir siendo Padre Maligno», «¡Salvemos nuestra Sagrada Familia!», «Proyecto Generador de Empleo de Carácter Innovador del Imperio de los Pobres», «Campaña Cristiana Contra la Corrupción y el Desempleo» y de varios más, los cuales estoy comenzando a distribuir por medio de Internet, para que todo el mundo nos ayude a sanear nuestra Iglesia Católica.

Todos mis libros contienen cartas dirigidas a diversas personalidades, instituciones y colectivos, y públicamente se los estoy presentando a la parroquia de Santa Rosa de Lima, el Obispado de San Miguel, el Arzobispado de San Salvador, la Conferencia Episcopal de El Salvador, el Tribunal Eclesiástico de El Salvador, y ante todo el mundo, a fin de enjuiciar la depravación sexual y pastoral de los sacerdotes Leopoldo Barreiro Gómez y José Benigno Parada Alfaro, ambos ex curas párrocos de Santa Rosa de Lima.

En todos mis libros denuncio al homosexual Padre Leopoldo Barreiro Gómez, quien en 1975 comenzó a recaudar ayuda para construir un Edificio Clínica Casa Comunal en el terreno baldío de nuestro antiguo convento parroquial, habiendo concretado su estafa al negarse a financiar la obra social que nos prometió, a pesar de las millonarias donaciones que durante la guerra civil robó y despilfarró en la Secretaría General de nuestra Conferencia Episcopal. Asimismo denuncio al pederasta sacerdote José Benigno Parada Alfaro, por haberse dedicado, durante casi dos décadas, a denigrar y excomulgar a los feligreses que no aceptamos la depravación clerical y que nos organizamos para hacer obras sociales en Santa Rosa de Lima.

También denuncio a Monseñor Fernando Sáenz Lacalle, al máximo dirigente del Opus Dei en nuestro país, por haber utilizado el Arzobispado de San Salvador para encubrir y encumbrar al homosexual estafador Padre Leopoldo, a quien lo volvió a ascender a otro alto cargo eclesial, después que en 1990 desenmascaré su depravación sacerdotal y lo obligué a renunciar a la Secretaría General de nuestra Conferencia Episcopal.

Este año 2002, gracias al escándalo mundial provocado por los sacerdotes, obispos y cardenales en Estados Unidos de Norteamérica, en las publicaciones de El Diario de Hoy y La Prensa Gráfica quedó en evidencia que Monseñor Sáenz Lacalle ha utilizado nuestro Arzobispado para encubrir y encumbrar a sacerdotes pederastas y homosexuales, sin importarle los graves e irreparables daños y perjuicios que nos causan a sus víctimas.

En el mes de abril de este año, cuando fue entrevistado, Monseñor Sáenz Lacalle declaró que “en El Salvador no hay ninguna denuncia en contra de sacerdotes”. Monseñor Sáenz Lacalle es mentiroso, porque, además de las otras denuncias que se han presentado, durante los últimos 22 años incesantemente me he dedicado a denunciar, por escrito, la depravación del sacerdote español que él ha encubierto y encumbrando. El mentiroso máximo dirigente del Opus Dei en El Salvador nunca podrá desnegar su maligna mentira, porque miles de miembros de nuestra Iglesia Católica y de otras Iglesias Evangélicas son fieles testigos de que yo he denunciado su depravación sacerdotal, durante dos décadas, siempre por escrito, para que quedase fiel constancia. Ciertamente, el Arzobispado de San Salvador no merece que siga siendo dirigido por alguien tan perverso e indigno.

Monseñor Sáenz Lacalle en el mes de abril declaró que “no hay ninguna denuncia contra sacerdotes corruptos”, haciendo énfasis que “en el archivo secreto del Arzobispado no existía ningún expediente de sacerdotes corruptos”. Si ahora en el Arzobispado no existe ningún expediente de sacerdotes corruptos, no es porque no los haya denunciado, sino porque han destruido el expediente con las pruebas que les he entregado. Si ahora no existe ningún expediente, significa que en el Arzobispado de San Salvador intencionadamente han destruido el expediente del homosexual estafador sacerdote español Leopoldo Barreiro Gómez, para poderlo encubrir y promover al Ordinariato Militar.

A Monseñor Rosa Chávez y a otros sacerdotes y monseñores les consta que desde 1981 hasta 1990 estuve entregando documentación que demuestra quiénes son los que han cometido millonarias estafas en Santa Rosa de Lima, en la Diócesis de San Miguel, en la Conferencia Episcopal de El Salvador y en naciones de Europa. Este año, después que Monseñor Sáenz Lacalle declaró que no existía ninguna denuncia contra sacerdotes corruptos, el arzobispo auxiliar de San Salvador, Monseñor Gregorio Rosa Chávez, reconoció que han destruido pruebas, al declarar en otras entrevistas que “los casos más graves de denuncias contra un sacerdote van a un archivo especial y cada x tiempo se queman”, y que “él conocía de la existencia de otro caso ocurrido durante la administración de monseñor Arturo Rivera y Damas, donde figuraba sacerdotes y religiosos implicados en delitos y abusos sexuales”.

Durante los últimos 22 años a diversas autoridades eclesiales les he entregado pruebas de la corrupción del Padre Leopoldo y de otros sacerdotes y monseñores. Como no dejaban de estafarnos y denigrarnos, en el mes de agosto de 1990 desenmascaré por completo la depravación de nuestro antiguo sacerdote español, obligándolo a renunciar fulminantemente y para siempre a la Secretaría General de la Conferencia Episcopal. Después que Monseñor Sáenz Lacalle accedió al Arzobispado, volvió a encumbrar al homosexual estafador Padre Leopoldo, promoviéndolo a Canciller Secretario General del Ordinariato Militar, con el rango de Coronel del Ejército Nacional; burlando con su encubrimiento y ascenso las más elementales normas de moral y justicia, y, para colmo de males, obligándonos a seguir soportando mayores represalias y ofensas.

El sacerdote español Leopoldo Barreiro Gómez durante los últimos 27 años en El Salvador nunca ha dejado de ser corrupto –de los seminarios europeos ya venía corrompido–, por culpa de los dirigentes eclesiales que lo encubrieron y promovieron para que en nuestra Iglesia Católica se dedicara a cometer mayores crímenes. Monseñor José Eduardo Álvarez, mientras fue Obispo de la Diócesis de San Miguel, se dedicó a encubrir y encumbrar al Padre Leopoldo, tal como lo ha estado haciendo Monseñor Sáenz Lacalle en el Arzobispado. Al igual que nunca paré de desenmascarar la corrupción de Monseñor Álvarez hasta que fue retirado del Obispado por anciano, con este libro y con todas mis publicaciones jamás dejaré de denunciar la corrupción de Monseñor Sáenz Lacalle en todo el mundo, hasta que sea reemplazado por otro Arzobispo verdaderamente digno de El Salvador.

Monseñor Sáenz Lacalle ha encubierto y encumbrado al homosexual estafador Padre Leopoldo, y sólo Dios sabe a cuántos otros sacerdotes y monseñores homosexuales y pederastas ha encubierto y encumbrado a altos cargos eclesiales, convirtiéndose en el responsable de que todos esos degenerados se dediquen a engañar y corromper a más niños, jóvenes, mujeres y ancianos de nuestra Iglesia Católica. Mi deber cristiano es desenmascararlos, hasta lograr que no puedan seguir ejerciendo como sacerdotes, para que ningún creyente siga siendo víctima de tan depravados presbíteros.

Por ser mi deber y salvación, por ser justo y necesario, desenmascaro ante todo el mundo la maligna hipocresía de Monseñor Sáenz Lacalle, retándolo para que me demande en los Tribunales Civiles por la publicación de mis libros, retándolo a que me encarcele porque ante todo el mundo desenmascaro su perversión pastoral, retándolo a que me encarcele porque voy a denunciarlo hasta que abandone nuestro Arzobispado. Al Cardenal Arzobispo de Madrid, Antonio María Rouco Varela, y a miles de españoles, en Santiago de Compostela ya les demostré que no me importa morir y mucho menos que me mantengan en la cárcel, con tal de desenmascarar la hipocresía de los pervertidos jerarcas eclesiales que encubren y encumbran a los sacerdotes depravados.

Mientras el Arzobispo de San Salvador siga siendo fiel amante del dinero y fiel tapadera de los sacerdotes estafadores, homosexuales y pederastas, toda la jerarquía de la Iglesia Católica en El Salvador seguirá siendo dominada y desprestigiada por los más degenerados clérigos, causando irreparables daños y perjuicios a más indefensos cristianos. Para desenmascarar su corrupción, ante todo el mundo reto a Monseñor Fernando Sáenz Lacalle, a que me demande en los Tribunales Civiles, a que utilice todo su maligno poder para meterme preso, a que me meta preso por publicar los libros que desenmascaran su hipocresía y prepotencia, a que me meta preso por publicar los libros que desenmascararan su injusticia e inmisericordia, a que me meta preso porque voy a denunciarlo hasta echarlo de nuestro Arzobispado y de nuestra Conferencia Episcopal. Jamás he estado preso en ninguna cárcel de El Salvador, pero a partir de ahora con muchísimo gusto me dejaré encarcelar, y con santa paciencia permaneceré en la cárcel todo el tiempo que esos degenerados hipócritas quieran tenerme preso, incluso estoy dispuesto a que me asesinen, para desenmascarar toda la hipocresía y soberbia del máximo dirigente del Opus Dei que en nuestra nación es un vil encubridor de sacerdotes estafadores, pederastas y homosexuales.

Los crímenes que cometen los sacerdotes homosexuales y monseñores que los encubren, son irreparables. El crimen que han cometido el Padre Leopoldo Barreiro Gómez y Monseñor Fernando Sáenz Lacalle, jamás podrán enmendarlo, la humillación y el dolor que durante 22 años me han causado nunca podrán compensarlo con nada de este mundo. Para salvar su alma, esos desgraciados ya no podrán utilizar el millonario capital ni el poder eclesial que con tantas artimañas lograron obtener, porque todo ese millonario capital y poder jerárquico se les ha convertido en la más repugnante basura del infierno que crearon en El Salvador.

El jueves 29 de agosto, hace 18 días, por culpa del Padre Leopoldo Barreiro Gómez y de Monseñor Fernando Sáenz Lacalle, no pude asistir al entierro de mi madre, Carmen Serarols de Medrano. El Padre Leopoldo y Monseñor Sáenz Lacalle son sádicos. Por culpa de esos sádicos dirigentes eclesiales no pude asistir al entierro de mi madre en San Salvador. ¿Acaso no es sadismo que el Padre Leopoldo y Monseñor Sáenz Lacalle me hayan impedido asistir al entierro de mi madre? ¿Acaso no es sádico, cruel, inhumano, despiadado, desalmado, inmisericorde, anticristiano, impedirle a un hijo único asistir al entierro de su madre? Yo, el único sobreviviente de nuestra familia, permanecí en el cementerio de Santa Rosa de Lima, en la tumba de Daniel, Elia, Elena Medrano y de todos mis parientes difuntos, mientras en San Salvador a mi madre le oficiaban misa de cuerpo presente en la Iglesia María Auxiliadora; y me trasladé a nuestro templo parroquial, cuando a mi madre la trasladaban para darle sepultura en el Cementerio General de Los Ilustres; y mientras estaban sepultando a mi madre, en el altar de nuestro templo estuve presenciando a muchos niños y niñas de Santa Rosa de Lima que por la fe de sus padres y padrinos estaban siendo bautizados, por nuestro actual sacerdote, en el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo.

Fui bautizado en nuestro templo cuando era niño y, desde entonces, tal como le consta a todas las antiguas familias de Santa Rosa de Lima, mis padres adoptivos, Daniel Medrano, Elena Medrano, Elia Medrano y Carmen de Medrano, me inculcaron el Evangelio de nuestro Señor Jesucristo y muchas más enseñanzas, para garantizar la subsistencia e integridad de nuestra familia en El Salvador y en todo el mundo, en cuanto que yo siempre he sido y sigo siendo, gracias a Dios, su único hijo, su único descendiente, su único heredero.

En El Diario de Hoy y La Prensa Gráfica del 29 de agosto, hace 18 días, Antonio Manuel Serarols, Sra. y familia, Dr. Juan Serarols, Sra. y familia, Joaquín Serarols y familia, y Miguel y Conchita Serarols de Tomás Carbonell y familia, con profundo dolor y cristiana resignación, comunicaron que el día 28 de agosto entregó su alma al Señor, su adorada hermana y tía, Carmen Serarols de Medrano. Desgraciadamente, fui yo, Alfredo Medrano, su hijo, el único que no pudo ser incluido en la lista de familiares dolientes, ni estar junto a sus restos mortales cuando fueron velados en Capillas Memoriales, ni en la misa de cuerpo presente en la Iglesia María Auxiliadora, ni en la conducción de sus restos al Cementerio General de Los Ilustres, ni en su novenario, por culpa del depravado sacerdote Leopoldo Barreiro Gómez y del perverso Monseñor Fernando Sáenz Lacalle.

En 1981, después que el Padre Leopoldo en Roma terminó de Doctorarse en Derecho Canónico, en España comenzó a imponerme las despiadadas injusticias que cometen los malignos dirigentes del Opus Dei, ordenando que yo no podía estar en ningún sitio donde él estuviera, y no sólo se atrevió a echarme de la casa de mi madre en San Salvador y de todos los hogares e instituciones eclesiales que antes visitaba, sino que jamás quiso revocar su despiadada orden, habiendo llegado al inadmisible extremo de impedirme asistir al entierro de mi madre. Ese codicioso y homosexual sacerdote español, con su incendiaria lengua creó un infierno en el corazón de todos los miembros de la familia Serarols Sirach-Tomás Carbonell, con su maquiavélica mente manipuló contra mí los sentimientos de todos los parientes de mi madre, a tal extremo que ninguno de ellos se dignó en avisarme cuando falleció, lo cual si hicieron con nuestras demás amistades. Todos los miembros de la familia Serarols Sirach-Tomás Carbonell, tal como puede apreciarse en sus esquelas mortuorias, cumplieron con la cristiana obligación de sepultar a su adorada hermana y tía; y ahora me corresponde a mí, a su único hijo, cumplir el Sagrado Mandamiento de la Ley de Dios, que me ordena honrar a mi madre, perpetuando el espíritu de servicio de nuestra familia Medrano en Santa Rosa de Lima.

La manipulación sentimental del Padre Leopoldo para lograr que los parientes de mi madre hicieran su ingrata voluntad sacerdotal, no es ninguna novedad, sino el clásico lavado cerebral que los corruptos dirigentes del Opus Dei durante décadas han realizado para apropiarse herencias millonarias en España, no importándoles el desprestigio y sufrimiento que causan a sus víctimas, con tal de lograr su innoble afán de enriquecerse y envilecerse, crímenes que disimulan con su doble vida y falsa religiosidad. Gracias a Dios la millonaria herencia de mi madre ha servido y seguirá sirviendo para desenmascarar y enjuiciar a la pandilla de sacerdotes y monseñores que sin escrúpulo alguno escalaron posiciones para controlar y corromper la alta jerarquía de nuestra Iglesia en El Salvador. Gracias a Dios nadie podrá impedir que la millonaria herencia de mi madre sirva para desenmascarar y enjuiciar a los sacerdotes estafadores, homosexuales y pederastas, y al Arzobispo que los han estado encubriendo y encumbrando en El Salvador. Gracias a Dios la millonaria herencia de mi madre va a servir para sanear nuestra Iglesia Católica y para ayudar a millones de niños, jóvenes, adultos y ancianos pobres en todo el mundo. Gracias a Dios la millonaria herencia de mi madre va a servir para que todo el mundo reconozca que la justicia de Dios es infinitamente implacable y misericordiosa.

Ante todo el mundo demuestro que soy hijo único heredero de la familia Medrano de Santa Rosa de Lima, y lo demuestro haciendo con la herencia de mi madre mi santa voluntad, y mi santa voluntad es que la herencia de mi madre sirva para sanear nuestra Iglesia Católica y para que millones de familias pobres de todo el mundo se libren de la miseria y el desempleo.

La herencia tangible de mi madre, su millonario capital, en El Salvador va a servir para desenmascarar, enjuiciar y condenar a los sacerdotes y monseñores criminales; y la herencia intangible de mi madre, la bendita herencia que sólo un hijo puede recibir de una madre ejemplar, va a servir para que en El Salvador y en todo el mundo se financien obras de justicia y misericordia que libren a millones de familias pobres de la miseria y el desempleo.

El Padre Leopoldo, el Padre Maligno y Monseñor Sáenz Lacalle, por codiciosos y necios, durante el resto de sus vidas no tendrán más remedio que suplicarle clemencia a nuestro Dios Padre, reconociendo ante El Salvador y ante todo el mundo que más les hubiese valido ser buenos y honestos cristianos.

Invito a todos los periodistas y abogados de El Salvador a que nos ayuden a desenmascarar, enjuiciar y apartar del sacerdocio a los clérigos que han abusado del poder religioso, a quienes violan los derechos cristianos de todos los fieles miembros de la Iglesia Católica que nunca han podido defenderse de tan hipócritas y despiadados criminales.

Por ser justo y necesario, por ser nuestro deber y salvación, a todos los periodistas, abogados y público en general, les suplico se dediquen a desenmascarar y procesar a los sacerdotes y monseñores corruptos en los Tribunales Civiles de El Salvador, a fin de garantizar que los miembros del Tribunal Eclesiástico no sigan siendo intimidados y manipulados por los depravados que dominan y sobornan a muchos miembros de la alta jerarquía sacerdotal.

Si el necio e hipócrita Monseñor Sáenz Lacalle me denuncia en los Tribunales Civiles por haber publicados mis libros, a todos los periodistas, abogados y público en general, les suplico investiguen y desenmascaren la licenciosa y corrompida vida del Padre Leopoldo Barreiro Gómez en nuestro país, investiguen y denuncien todas las valiosas propiedades inmobiliarias que en nuestro país ha comprado con dinero robado a los pobres salvadoreños, para demostrarle a todos los monseñores y cardenales del mundo que no les conviene seguir encubriendo sacerdotes estafadores, homosexuales y pederastas. Averigüen si el Padre Leopoldo en verdad es Doctor en Derecho Canónico graduado en Roma, averigüen si en realidad fue nombrado Coronel del Ejército Nacional, averigüen la forma cómo obtuvo todos los honorables títulos de los cuales se jacta, averigüen si realmente los obtuvo, porque ese estafador y homosexual sacerdote es el más cínico mentiroso que he conocido en mi vida.

Todos nuestros hermanos y hermanas cristianas, en nuestra Iglesia Católica, no deben seguirle teniendo miedo a los sacerdotes y monseñores corruptos, sino que deben ser valientes como nuestro Señor Jesucristo, desenmascarando a todos los dirigentes eclesiales depravados, demostrándoles que no les conviene seguir siendo hipócritas e inmisericordes.

Para que nuestra Iglesia Católica siga siendo Santa, teniendo en cuenta que Su Santidad Juan Pablo II ya ordenó que todos los criminales deben ser enjuiciados y apartados del ministerio sacerdotal, fieles a nuestro compromiso cristiano, debemos quitar del ministerio sacerdotal a todos los estafadores, homosexuales y pederastas.

Todos los fieles cristianos y cristianas, en todas las casas, en todas las comunidades, en todas las poblaciones, en toda nuestra nación, en todo el mundo, para honra y gloria de El Salvador, tenemos ineludible obligación de desenmascarar y derrotar la corrupción sacerdotal, cumpliendo y haciendo cumplir los Sagrados Mandamientos de la Ley de Dios.

En Santa Rosa de Lima, a 15 de septiembre de 2002.

Alfredo Medrano

 
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