Al Arzobiispo de San Salvador - Inspiración de Jesucristo

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Al Arzobiispo de San Salvador

Comunicados


AL ARZOBISPO DE SAN SALVADOR


Monseñor Fernando Sáenz Lacalle:

En 1997, en la última parte de mi segundo libro, les advertí: Desde 1981 os lo vengo diciendo, no seáis insensatos, no seáis cómplices de la corrupción», y desde entonces os habéis enfadado conmigo. En el Nuevo Testamento, en la 8ª. de las Ediciones Paulinas, dice con claridad: «Abandonemos toda forma de pecado, especialmente contra la caridad, imitando al Padre y a Cristo. Por eso, no más mentiras: que todos digan la verdad a su prójimo, ya que todos somos parte del mismo cuerpo. Enojaos, pero sin pecar: que el enojo no os dure hasta el término del día, y no deis lugar al demonio. Que el que robaba, ya no robe, sino que se fatigue trabajando con sus manos en algo útil hasta poder hacer el bien ayudando a los necesitados. No salga de vuestra boca ni una mala palabra, sino palabras buenas que edifiquen cuando es necesario y que hagan bien a los que las oigan»

Como la Biblia nos asegura que “la verdad nos hará libres”, he escrito libros y los publico, para librarnos de los sacerdotes y monseñores corruptos.

Al estafador Padre Leopoldo Barreiro Gómez ya lo obligué a renunciar a la Secretaría General de nuestra Conferencia Episcopal, cuando desenmascaré su depravación en 1990; y, se suponía, que desde entonces ya no iba a seguirnos perjudicando.

Si usted no hubiese encubierto y encumbrado de nuevo al homosexual y estafador Padre Leopoldo, este 29 de agosto cristianamente hubiese sepultado a mi madre en San Salvador. Ahora ya está todo consumado. Ustedes ya nunca podrán compensarme con nada del mundo el irreparable crimen que han cometido.

Usted, el Padre Leopoldo y el Padre Maligno, por criminales, jamás encontrarán en el mundo sitio donde esconderse, excepto en un monasterio de clausura, donde deberán permanecer recluidos, hasta el final de sus días, suplicando perdón a nuestro Dios Padre.

En Santa Rosa de Lima y España, a miles de miembros de nuestra Iglesia Católica y de otras Iglesias Cristianas, les consta que durante las anteriores dos décadas he denunciado, siempre por escrito, la depravación del Padre Leopoldo y del Padre Maligno. Por escrito, a los dos los he retado públicamente, para que me demanden en los tribunales, y nunca se han atrevido a hacerlo, le tienen miedo a los tribunales de justicia, porque existen suficientes pruebas y testigos para demostrar su depravación sacerdotal.

En El Salvador toda la gente sabe que usted, Monseñor Sáenz Lacalle, no le tiene miedo a los tribunales, ya que este año demandó a un guatemalteco, a quien entregó Un Millón Ochenta Mil Dólares, por haberlo estafado, y desde hace meses está encarcelado.

Ese Millón Ochenta Mil Dólares que le estafaron este año, ni siquiera era dinero suyo, pero tanto le ofendió que le estafaran en el Arzobispado, que decidió demandar y encarcelar al guatemalteco que lo engañó. Ante todo el mundo ha demostrado que usted es hombre de recio carácter, capaz de demandar y encarcelar a cualquiera.

Yo, hijo único de Daniel Medrano, Carmen Serarols de Medrano, Elia Medrano y Elena Medrano, también soy hombre de recio carácter, capaz de enjuiciar y condenar a cualquiera que ofende y estafa a mi familia. Y, a usted, lo enjuicio y condeno ante todo el mundo, por haber utilizado el Arzobispado de San Salvador para encubrir a sacerdotes homosexuales y estafadores, y lo hago para que se recluya en un monasterio de clausura de por vida.

Y si quiere que sea juzgado y condenado en los Tribunales de Justicia de El Salvador, lo reto a que me demande y me metan preso, para contrademandarlo y presentar ante los Tribunales Civiles las denuncias y pruebas que destruyeron en el Arzobispado de San Salvador para encubrir y encumbrar al homosexual y estafador Padre Leopoldo Barreiro Gómez.

A mí tendrá que demandarme y encarcelarme, para que nos enfrentemos como hombres recios en los Tribunales de Justicia de El Salvador, teniendo como testigos a todo el mundo. No es por unos cuantos miserables millones de dólares que vamos a enfrentarnos en los Tribunales de Justicia, sino por la dignidad y futuro de mi familia, que para mí vale infinitamente muchísimo más que cualquier mundana riqueza, más que mi propia vida.

Su inmisericorde colega español cuando regresó de Roma me impuso la implacable condena de que yo no podía estar en ningún lugar donde él estuviera, y durante 22 años he tenido que soportar tan injusta orden, a tal extremo que no me permitieron asistir al entierro de mi madre.

Para demostrarle que cualquier indio salvadoreño también puede imponerle su implacable condena a cualquier desalmado sacerdote español, el Padre Leopoldo y usted no podrán seguir viviendo tranquilamente en El Salvador, ni en ningún lugar del mundo, hasta que se recluyan en un monasterio europeo, donde van a arrepentirse de todos los pecados que han cometido.

En el mes de agosto de 1990 el Padre Leopoldo obligadamente prefirió renunciar a la Secretaría General de la Conferencia Episcopal de El Salvador, porque no se atrevió a rezar sinceramente el Padrenuestro en el templo de Santa Rosa de Lima. Si usted y el Padre Leopoldo no se atreven a rezar sinceramente el Padrenuestro en los Tribunales de Justicia de El Salvador, entonces obligadamente tendrán que renunciar al Arzobispado de San Salvador y al Ordinariato Militar, e irse de regreso a España, pidiendo perdón a todos los salvadoreños y salvadoreñas por todos los gravísimos daños y perjuicios que nos han causado con tanta hipocresía y soberbia.

Ante todo el mundo, para desenmascarar a los prelados que encubren y encumbran a los sacerdotes estafadores, homosexuales y pederastas que corrompen nuestra Iglesia Católica, voy a demostrar que ustedes dos no se atreven a rezar sinceramente el Padrenuestro, ni en el templo de Santa Rosa de Lima, ni en los Tribunales de Justicia de El Salvador.

Ya se los advirtió nuestro Señor Jesucristo, nuestro Santo Patrón, El Divino Salvador del Mundo: «El que haga caer a uno de estos pequeños que creen en mí, sería mejor para él que le ataran al cuello una gran piedra de moler y lo echaran al mar».

Ofrezco a nuestro Dios Padre mi sacrificio y el de todos los fieles cristianos que han sido injustamente maltratados por los sacerdotes, monseñores y cardenales corruptos, clamando al cielo las mismas palabras que están escritas en el libro de Daniel:

«Que hoy este sacrificio nuestro nos consiga tu favor, pues sabemos que los que confían en ti jamás serán defraudados.

Y ahora te seguimos de todo corazón, te tememos y seguimos tu rostro. No nos dejes en la humillación, sino trátanos de acuerdo a tu bondad y según la abundancia de tu misericordia. Líbranos de acuerdo a tus maravillas, y da, Señor, gloria a tu Nombre.

Queden confundidos los que maltratan a tus siervos, sean cubiertos de vergüenza, privados de todo su poder; aplasta tú su fuerza, y sepan que tú eres el único Dios y Señor, glorioso por toda la tierra».

Sea en espíritu y en verdad para honra y gloria de El Salvador y de todos los fieles cristianos, en Santa Rosa de Lima, a quince de septiembre de dos mil dos.

Su hermano en Jesucristo,

Alfredo Medrano

 
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