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Asi nos defraudan las instituciones benéficas

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ASI NOS DEFRAUDAN LAS INSTITUCIONES BENÉFICAS

«Sembrado para comer es sagrado sustento
del hombre que fue hecho de maíz.
Sembrado por negocio es hambre del hombre
que fue hecho de maíz.»

Hombres de Maíz


Hace veinte años, en 1975, nuestro antiguo cura párroco gallego, don Leopoldo Barreiro Gómez, en la parroquia de Santa Rosa de Lima, en plena misa, ante todo el pueblo prometió que iba a construir, en el terreno baldío de nuestro antiguo convento parroquial, financiándola con donaciones europeas, una importante obra social para ayudar a los pobres de nuestra zona. Creímos en su palabra de sacerdote y en sus buenas intenciones. Hicimos todo lo que nos pidió que hiciéramos. Un ingeniero salvadoreño, a petición suya, diseñó los planos arquitectónicos de dos obras: una la denominó Edificio Clínica Casa Comunal y la otra Edificio Comercial. Su idea era, teniendo en cuenta la pujante actividad comercial de nuestro pueblo, que las rentas generadas por el Edificio Comercial se destinasen a cubrir los gastos del Edificio Clínica Casa Comunal. El proyecto fue aprobado por el obispo de nuestra diócesis, monseñor Alvarez. El proyecto nos entusiasmó a muchos feligreses, ya que por fin íbamos a contar con una obra buena en nuestra parroquia. Varias familias empresarias le dimos cuanto dinero nos pidió para sus viajes y demás gastos. Y, con el mismo fin, todas las misas, bodas, bautizos, primeras comuniones, tedeum, sepelios, novenarios, aniversarios, constancias parroquiales, etc., subieron de precio considerablemente. Él se encargó de enviar peticiones de ayuda a diversas instituciones europeas. Él recibió varios donativos, que se invirtieron en diversas cosas, incluso en vehículos matriculados a nombre de Caritas. Se construyó un local para las reuniones de Caritas. Se remodeló la residencia sacerdotal. De ser una parroquia tranqui­la, pasó a una actividad vertiginosa. Contábamos con la ayuda incondicional, tanto de nuestro Obispado como de la Nunciatura Apostólica, ya que nuestro sacerdote gallego se convirtió en su secretario particular y hombre de confianza.

En 1977 venimos a España, Francia, Alemania, Austria, Suiza e Italia, para hacer un poco de turismo y gestionar personalmente la solicitud de donativos. Una institución humanitaria austríaca aprobó un donativo para la construcción de la obra social. Poco después de regresar al pais, nuestro párroco decidió marcharse a estudiar a Roma y giró instrucciones a Austria para que congelaran la financiación del proyecto hasta su retorno a El Salvador. La primera siembra comenzaba a dar sus frutos en nuestra fértil tierra. El programa de desarrollo comenzó a demostrar que tenía vida propia. Con recursos de Caritas y créditos proporcionados por varios sacerdotes y personas particulares, realizamos la Parcelación Residencial Hispana en San Miguel, a cuarenta kilómetros de Santa Rosa de Lima, para vender terreno al crédito a familias de escasos recursos económicos que desearan construir su propia vivienda. Con los beneficios obtenidos en la nueva empresa inmobiliaria, en Santiago de Compostela, en la residencia de los sacerdotes somascos, el 6 de enero de 1981, decidimos fundar la Asociación Gallega de Ayuda a El Salvador. El 10 de enero, cuatro días después, estalló la guerra civil en nuestro pais. El 26 de febrero de 1981, tres días después del fallido golpe de estado en España, el Gobierno Civil de La Coruña se dignó reconocer la personería jurídica de la nueva asociación benéfica, que tenía como objetivo financiar las obras que había ideado y promovido nuestro sacerdote gallego.

La gran sorpresa nuestra fue que, a su regreso de Roma, nuestro antiguo cura párroco se dedicó, muy astutamente, a espaldas nuestras, a manipular a los sacerdotes para que destruyeran la nueva asociación solidaria. Antes nos trataba como a sus mejores amigos y, desde que regresó de Roma, comenzó a maltratarnos como a sus peores enemigos. El 15 de mayo de 1981 todos los miembros españoles de la junta directiva renunciaron en pleno, exigiendo la clausura de todas nuestras actividades. Nunca nos sometimos a esa traición. No bastándole la injusticia que cometió en Galicia, nuestro párroco se trasladó a la capital de nuestro país, a convertirse en el Secretario General de la Conferencia Episcopal de El Salvador, a administrar la multimillonaria ayuda internacional que se canalizaba a través de Caritas para destruir las iniciativas laborales del pueblo salvadoreño. Aprovechándose del poder eclesial que ostentaba, continuó manipulando a los sacerdotes salvadoreños para que destruyeran nuestra organiza­ción. Con el debido respeto que se merecía el cargo eclesial y la amistad que nos une, durante una década le suplicamos que cumpliera su compromiso en nuestro pueblo, que desbloqueara el donativo de Austria para la construcción de la obra social y, en cuanto que era una cuestión de honor, que rectificara las falsas imputaciones vertidas en contra nuestra.

Durante los últimos veinte años hemos comprobado que la palabra de nuestro sacerdote gallego era falsa. El terreno baldío de nuestro antiguo convento parroquial, hoy continúa tan desolado como hace veinte años. Él demostró que sólo le interesaba su enriquecimiento personal, sin importarle a quiénes pisoteaba en su loca carrera hacia la cumbre. En su delirio de grandeza no respetó ni a su propia familia. A nuestro pueblo lo utilizó para lograr sus egoístas objetivos personales. Él juró que nuestra organización estaba muerta. Nosotros juramos que la íbamos a resucitar. Así, el proyecto parroquial de Santa Rosa de Urna, se convirtió en una opción de vida o muerte, de dominación y liberación, entre católicos europeos y católicos centroamericanos, entre la jerarquía eclesial y la base eclesial.

Nosotros, los de Santa Rosa de Lima, a pesar de todos los daños y perjuicios que nos estaban ocasionando, como conocíamos su codicia y ceguera espiritual, a sabiendas de que nos iba a despojar de todas nuestras riquezas, a sabiendas de que él estaba dispuesto a dejarnos en la calle y matarnos de hambre, a nuestro antiguo párroco gallego comenzamos a facilitárselo todo para que adquiriera las propiedades nuestras que tanto le gustaban y ambicionaba, para que las disfrutara él, para que las disfrutaran los sacerdotes y obispos que se oponían al desarrollo de nuestras comunidades eclesiales de base, para atraparlos para siempre en nuestras pobres redes y demostrarles que somos buenos pescadores de hombres, para demostrarle a todos los europeos que jamás nos han entendido a los indígenas que menosprecian desde hace cinco siglos. Muchos miles de millones de pesetas nos ha costado engordarlos y pescarlos. La pesca ha sido abundante y muy variada. Todo lo bueno lo hemos pescado y preparado con nuestras propias manos. Para saciar la sed y el hambre de los pobres, ahora estamos sirviendo con mucho amor, en riquísimas bandejas y copas de oro y plata adornadas con infinidad de joyas preciosas de la madre tierra, la Campaña Laboral Latinoamericana Contra el Hambre y la Corrupción en Europa y el Mundo. Que a todos nos aproveche la bendición de los alimentos.


 
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