Cifras sangrantes - Inspiración de Jesucristo

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Cifras sangrantes

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CIFRAS SANGRANTES

«El fruto del silencio es la oración,
el fruto de la oración es la fe,
el fruto de la fe es el amor.
Y el fruto del amor es el servicio a los demás.»

Madre Teresa de Calcuta


   Como cristianos que somos, entendemos las palabras evangélicas de la madre Teresa de Calcuta; sin embargo, como víctimas de la miseria y la corrupción humana, también entendemos que las multinacionales de la caridad entorpecen el desarrollo y la pacificación de nuestros pueblos y naciones. La madre Teresa podrá ser muy santa en su obra humanitaria, pero como humana que es, también comete errores. Su Santidad Juan Pablo II, el Sumo Pontífice de nuestra Iglesia Católica, por más que algunos hermanos nuestros insistan en que es infalible, como humano que es, también comete errores y se enferma como todos nosotros. Menos mal que los españoles, incluidos los obispos, están comenzando a reconocer lo evidente. El secretario general de la Conferencia Episcopal Española, monse­ñor José Sánchez, acaba de subrayar que el Pontífice «es un ser humano» (El País del 31 de diciem­bre/95).

   En la Crónica de El Mundo del 31 de diciembre/95, aparece un artículo de prensa suscrito por José M. Bustamante preguntando si es «¿ángel o demonio?», titulado «Teresa del poder», y afirmando que «las amistades de la «santa» de Calcuta cuestionan su biografía» A continuación transcribo el artículo entero, para expresar un poco al final cuál es nuestra visión del asunto.

   «Ataviada con su inevitable hábito blanco, Teresa de Calcuta estrecha las manos de Michéle,
   esposa del temible «Baby Doc», Jean-Claude Ouvalier, el tirano que siguió los pasos de su padre y explotó a los haitianos durante décadas. La religiosa había acudido al país más pobre del mundo para recibir la Legión de Honor. Durante una semana, la televisión del régimen machacó a su audiencia con el video de la religiosa y la primera dama. Una de las dictaduras más tenebrosas había recibido un provechoso baño de santidad.
                                                                                                                                                         
   La pareja, que no tardó en huir a París con una inmensa fortuna, forma parte de la cohorte de «amistades peligrosas» de la madre Teresa. Empresarios sin escrúpulos, estafadores, líderes de sectas, políticos en apuros no dudan en posar con ella en el momento y en el lugar adecuados para lavar sus pecados y reanudar sus negocios. Así lo expone uno de los periodistas norteamericanos más polémicos, columnista de Vanity Fair, Christopher Hitchens, en su libro The Missionay Position (Verso, 1995), no publicado aún en España.

   «No sé nada de los negocios de Charles Keating. Sólo sé que ha sido generoso con los pobres de Dios». El fiscal Paul W. Turley se quedó perplejo al leer la carta manuscrita de Teresa de Calcuta. En esos días, enero de 1992, se sentaba en el banquillo Charles Keating, el rey de los «bonos basura» que estafó a 17.000 pequeños inversores en uno de los mayores escándalos de Estados Unidos. Era el mismo empresario que donó 170 millones de pesetas y prestó su avión privado a la religiosa. El mismo que llevaba permanentemente un crucifijo, regalo de la monja.

   La justicia no atendió la petición de clemencia. Keating fue condenado a 10 años de cárcel. En Calcuta, la directora de las misioneras de la Caridad recibió la rotunda respuesta del fiscal: «Le ruego que devuelva el dinero que robó Keating a las personas que lo ganaron con su trabajo». La madre Teresa no ha contestado todavía. «Las santas, por lo visto, no tienen que someterse a auditorías», escribe Hitchens.

   Más de quinientas casas repartidas por un centenar de países que alojan a los parias de la India o a los enfermos de sida del Bronx. Una «multinacional de la caridad» que ha recibido una fortuna en donaciones imposibles de evaluar. La orden de la voluntariosa monja albanesa es tan opaca como oficialmente «austera». En uno de los testimonios recogidos por Hitchens, Susan Shields, que trabajó ocho años para la organización, denuncia que en sus casas no se enciende ni la calefacción. Muchas religiosas enfermaban mientras las cuentas bancarias seguían engordando. Dejó la Orden por el mismo motivo por el que entró: «Amor a los seres humanos».

   A pesar de las descarnadas acusaciones, la autoridad moral de la madre Teresa parece indiscutible, incluso más allá de los sectores fundamentalistas que lidera y que son alentados por Juan Pablo II. Su imagen de entrega, de ayuda hacia los más desfavorecidos, ha seducido tanto a los académicos que le entregaron el Premio Nobel de la Paz como a una opinión pública que no recibe otro mensaje que no sea laudatorio. Hitchens es su único talón de Aquiles. Además del libro, es responsable del documental de gran repercusión emitido el año pasado por el canal británico Channel 4, en el que vertía las mismas denuncias: «Una mujer oscurantista y servidora de los poderes terrenales».

   Pero las severas críticas también proceden de autoridades como el doctor Robin Fox, editor de The Lancet, una de las publicaciones médicas más prestigiosas. Tras su visita a los centros de Calcuta en 1994, constató que a los pacientes no se les diagnostican las enfermedades ni se les administran analgésicos eficientes. La madre Teresa «confía más en la Providencia que en la medicina», escribió Fox. Mary Laudon, voluntaria de la Orden, corroboró sus impresiones: las jeringuillas se utilizan varias veces y se limpian con agua. No se esterilizan «por falta de tiempo», le respondían. Laudon estimó que con las donaciones que se reciben se podría construir el mejor hospital de la India.

   Las páginas de The Missionary Position se esfuerzan en descubrir las contradicciones del trabajo de la religiosa, tan venerado y admirado. El periodista destaca que fuera tratada en clínicas elitistas mientras en sus dispensarios no hay analgésicos. Que luche a brazo partido contra el aborto en países míseros y superpoblados. Que estime que el sida es una respuesta a las «conductas desviadas». Como buen polemista, sabe que se enfrenta a creyentes que le consideran una santa en vida y que leen con devoción —por ejemplo, en España— su biografía Camino de Sencillez, un «best seller». Y a los poderosos que se han aprovechado de sus «enseñanzas», desde Ronald Reagan que la recibió después de la matanza de las monjas salvadoreñas, hasta Robert Maxwell, que la utilizó para adecentar sus negocios.

   Para Hitchens, una de las peores lecciones de la religiosa es su prédica constante del consuelo y el conformismo. Después de la explosión de la planta química de la multinacional Union Carbide en Bhopal (India), se presentó inmediatamente en el lugar de la tragedia. 2.500 personas habían muerto. «Perdonad, perdonad, perdonad», repitió nada más bajarse del avión. Algunos que debieran estarle agradecidos no encuentran ningún consuelo en su filosofía. «Estás sufriendo como Cristo en la cruz, así que Jesús te debe estar besando», le dijo Teresa de Calcuta a un enfermo de cáncer que se retorcía de dolor ante las cámaras. Desde su lecho, le respondió: «Por favor, dígale que pare de besarme».

   Cornos cristianos que somos, comprendemos la manifestación de fe y amor de la madre Teresa de Calcuta, al igual que comprendemos la manifestación de dolor y desesperación del enfermo de cáncer. A veces lo más difícil de comprender es la esperanza de redención eterna de los pobres después de la muerte. Sin embargo, la inmensa mayoría de los pobres deseamos una vida más digna, aquí, en la tierra. Para eso vino Cristo, para darnos la «buena nueva».

   El problema que tiene la Orden de la madre Teresa de Calcuta, como la inmensa mayoría de las iglesias, congregaciones y sectas, es que no son democráticas, totalmente inmovilistas, además de consumistas. Por eso es que hoy en día los cristianos de base le criticamos tanto a los sacerdotes y monjas, al igual que a los pastores de las demás iglesias cristianas, por poseer tantísimas propiedades inmobiliarias en los países industrializados como en todas las demás naciones del mundo; por dejar que los estafadores se aprovechen de los pobres para hacer grandes negocios lucrativos; y, sobretodo, por obstaculizar el desarrollo y la pacificación de nuestras comunidades y naciones. Cristo Jesús lleva ya casi dos mil años criticando duramente la hipocresía de los fariseos, tal como se puede comprobar en el Nuevo Testamento. Si todos los sacerdotes y las monjas han acumulado multitud de propiedades y capitales para vivir bien, ¿por qué a los pobres nos impiden vivir dignamente? Por eso insistimos en que las multinacionales de la falsa caridad están desviando a otros menesteres, a mantener e incrementar su inmenso patrimonio, a enriquecer a los estafadores, los cuantiosos recursos solidarios que urgentemente necesitamos rentabilizar los pobres, a fin de poder trabajar y reproducir los alimentos indispensables para combatir el hambre y la corrupción humana. ¿Cuánto cuesta cada mes, en todos los países europeos, mantener todo el patrimonio improductivo que pertenece a la Iglesia católica y demás Iglesias protestantes, además de las multimillonarias fugas de capitales a otros negocios mercantiles? Independientemente de los bocadillos que reparten a unos cuantos pobres, toda esa inmensa pérdida y gasto superfluo se puede calcular en millones de muertos de hambre en todo el mundo.


 
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