Corrupción española - Inspiración de Jesucristo

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Corrupción española

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CORRUPCIÓN ESPAÑOLA

Si un rico español roba miles de millones de pesetas,
con unos cuantos miles de millones robados compra su libertad
y vuelve locos a los tribunales de justicia;
si un pobre gitano roba unas cuantas gallinas
para darle de comer a su familia hambrienta,
sin ninguna dificultad lo condenan a la cárcel por ladrón.

Cobranza de la Deuda Social


Antes, en los tiempos coloniales, a los ladrones y asesinos que de nuestro continente se traían grandes cantidades de oro y plata, los Reyes de España los premiaban con sendos títulos y posesiones. A los sacerdotes que destacaban en sus desastres, los convertían en obispos de nuestras naciones. Menos mal que ahora la radio, la prensa, la televisión, los tribunales de justicia, las demás instituciones, los españoles, están combatiendo cada vez más la corrupción, aunque todavía hace falta mucho rigor en la aplicación de la justicia.

Siempre hubo españoles y americanos que clamaron justicia ante tanta corrupción. Últimamente está habiendo una conciencia más crítica en el pueblo español, que se manifiesta por diversos medios. Menos mal que ya estamos pasando de esa rancia hipocresía que todo lo camuflaba con engañosas imágenes y palabras. Aquí estamos ahora, los indios emplumados, en carne y hueso, en vuestra madre patria, para que no nos continúen utilizando para estafar a los españoles solidarios. El proceso pedagógico de reconversión permanente lo vamos a desarrollar analizando y denunciando todos los casos de corrupción que se presenten, uno a uno, para que conozcan nuestro verdadero pensamiento sobre lo que nos compete sin duda alguna.

Leyendo la prensa en la Biblioteca del Instituto de Cooperación Iberoamericana encontré la siguiente Carta al Director titulada: «América: una deuda histórica» (El Mundo del 23 de Octubre/95) con el siguiente texto: «Sr. Director: Hay muchos tipos de deuda. Uno es la llamada deuda externa que, como grillete de hierro, encadena a la miseria a los países empobrecidos. Sin embargo hay otra deuda de la que no nos queremos acordar: la deuda histórica. Si echamos un vistazo al mapa de la miseria y el sufri­miento humano comprobaremos que coincide exactamente con el de las tierras sometidas por los imperios europeos posteriores a la Edad Media (el año 1492 nos puede servir de punto de partida): Latinoamérica, África, Asia. ¿En cuánto podemos valorar el oro, la plata, y las otras materias primas que expoliamos, masiva e impunemente, a «nuestros deudores» durante generaciones completas?, ¿cuánto valen la felicidad y la dignidad que les hemos robado y que también les serán robadas a sus hijos y a los hijos de sus hijos, porque el presente es fruto del pasado y semilla del futuro? España, pionera en el expolio, tiene una deuda histórica —moral y material— con los países hermanos de Latinoamérica (curiosa hermandad la que cicatea un mísero 0,7% de lo que ahora tenemos gracias a lo que en su día robamos). Siendo una deuda imposible de pagar, por su astronómico volumen, sólo puede ser perdonada. Pidamos pues, humildemente, a quienes son nuestros acreedores, que nos condonen la deuda moral y que nos permitan pagar, simbólicamente, la deuda material con ese mísero (y a la vez reconfortante) 0,7% del PIB. No se trata, pues, de dar, sino, sencillamente, de devolver lo que no es nuestro. Lo demás son excusas inmorales y cómplices del pasado.» Esta carta la suscribe Alfonso Bazaga Barroso, de Badajoz.

Queridos hermanos españoles, a la dichosa deuda nunca debéis llamarla «deuda histórica», porque esa denominación lleva implícita la idea de algo que ya aconteció, como si fuera un error irreme­diable que pertenece al pasado. A lo que vosotros llamáis historia, para nosotros es la realidad presente. A la deuda que tenemos pendiente de cobrar en todo el mundo la denominamos «Deuda Social». Todos los hombres y mujeres de este planeta estamos endeudados con los pobres. Es la misma deuda del pasado la que está creciendo en la actualidad y la que seguirá creciendo en el futuro. Tampoco aseguréis que la Deuda Social es imposible de cobrar; recordad que los mayas medimos con exactitud en el espacio sideral lo que antiguamente parecía imposible en este planeta. Debéis reconocer que la Deuda Social no está adquirida sólo con los latinoamericanos, sino con todos los americanos pobres, incluyendo todos nuestros hermanos pobres de Estados Unidos, Canadá y Alaska, al igual que está adquirida con todos nuestros hermanos pobres de Europa del este como del oeste, y con todos nuestros hermanos pobres del norte y sur de Oceanía, África y Asia. Tampoco creáis que sólo a vosotros os estamos cobrando la Deuda Social, sino también a todos los millones de hombres y mujeres que en todas nuestras naciones y continentes están igualmente debiéndonos la riqueza a los pobres.

Queridos hermanos españoles, los ricos de todo el mundo a los pobres nunca nos han perdonado la deuda que nos han impuesto con nuestro propio capital, nunca han tenido moral para hacerlo, sino todo lo contrario, cada vez nos cobran más intereses, cada día nos explotan y matan más. Por lo tanto, ningún rico español tiene derecho a suplicarnos que les perdonemos la Deuda Social, por muy hipócrita o ingenuamente que se manifieste. Nunca les vamos a perdonar la deuda moral, hasta que nos la paguen, hasta que nos demuestren que son honrados. Para que un rico sea humilde y honrado, tal como lo anunció Cristo, antes tendrá que convertirse en pobre. No queremos que padezcáis toda la miseria que soportamos nosotros, sino que disfrutéis de todas nuestras bondades, para que nunca dejéis de pagarnos el Impuesto Pacifico que necesitamos para el desarrollo laboral de las comunidades marginadas. Después de tantos fraudes y estafas, ya no creemos en las falsas promesas de los ricos y de los intermediarios. Ahora somos los pobres directamente los que comenzamos a administrar nuestra propia riqueza, riqueza que no tenemos escondida pudriéndose en bancos usureros, sino invertida en todo el mundo. Sabemos cuánta riqueza nos adeudan y es por eso que ahora los pobres comenzamos a cobrar todo el capital y los intereses que legítimamente nos adeudan en todas las naciones. La «Cobranza de la Deuda Social» la vamos a realizar los pobres, a nuestra manera, trabajando rentablemente.

Queridos hermanos españoles, a los americanos no nos continuaréis engañando con el 0,7% del PIB que el Gobierno Español se niega a asignar. El año pasado fueron españoles contra españoles los que se montaron su batallita con ese tema, demostrándonos que son inútiles unos y los otros que son miserables. A los indioamericanos, con ese miserable 0,7% del Producto Interno Bruto español, no nos pagarían ni siquiera los intereses de la primera remesa de oro y plata que nos robaron. ¿Cómo se atreven ahora a suplicarnos que les perdonemos la Deuda Social a cambio de tan miserable cantidad de pesetas? Ese 0,7% será reconfortante para los españoles, en cuanto que es un instrumento más de dominación y explotación de nuestras comunidades y naciones. Para nosotros no es reconfortante, sino otra manifestación maquiavélica del fraude asistencialista que soportamos. Por ese dichoso 0,7% continúan clamando las instituciones benéficas españolas, para continuar matándonos de hambre, para continuar enriqueciéndose ilícitamente. ¿Acaso no saben que con esa ayuda española nos están estafando? ¿Acaso no saben que con esa ayuda española nos están matando? ¿Acaso vieron el año pasado a algún ameri­cano suplicando al gobierno por ese 0,7% miserable? Si acaso vieron a algún americano en las ficticias manifestaciones y en las ilusorias huelgas de hambre que convocó la Plataforma del 0,7%, será porque ese hermano nuestro se ha vendido por unas cuantas pesetas, o porque ese hermano nuestro todavía ignora cómo lo están utilizando para estafar a nuestros pueblos. Todo el montaje propagandístico de la Plataforma fue circense. ¿Acaso murieron acribillados a balazos todos los españoles que se manifestaron públicamente contra el gobierno español? ¿Acaso se murieron de anemia o de tuberculosis los españoles que se pusieron en huelga de hambre contra la corrupción del gobierno español? Que nos enseñen públicamente las cicatrices de sus falsas batallas. Que publiquen por lo menos el nombre de tres de sus difuntos compañeros de su última castellana y folklórica fiesta callejera. Los de la famosa Plataforma lo único que tienen herido es su orgullo, porque no lograron nada.

Nuestra Campaña Laboral Latinoamericana es Contra el Hambre y la Corrupción en Europa y el Mundo. Por eso le decimos a los españoles que están en huelga de hambre: ¡Dejen de aguantar hambre y pónganse a trabajar! Esos sacrificios los pobres no os los agradecemos. No es más hambre la que hace falta en el mundo, sino muchísimo más trabajo. Dejaros de vuestros heroísmos que no conducen a ninguna parte, de vuestros esfuerzos estériles, de vuestras pérdidas de tiempo, de vuestros engaños y falsas ilusiones. ¿Acaso nosotros no sabemos cuántos años lleváis perdiendo vosotros? ¿Acaso estáis haciendo lo que es bueno y rentable para nuestras organizaciones populares? ¿Acaso no estáis lacerando vuestros cuerpos y vuestras mentes inútilmente? ¿Acaso vuestras muertes no serán estúpidas si llegaran a concretarse? Queremos que ahorréis vuestras energías y que las invirtáis en cosechas productivas y alimenticias que necesariamente hay que trabajar y rentabilizar.

Queridos hermanos españoles, no os dejéis engañar por las organizaciones humanitarias. Con el capital que a vosotros os estafan, a nosotros nos matan el cuerpo y el espíritu. Los dirigentes de la Acción Internacional Contra el Hambre afirman con letras titulares (El País del 2 de octubre/95) que «la primera causa de muerte hoy en Bosnia son las bombas. La segunda son las balas. La tercera es que (los españoles) nunca tienen un boli a mano.» ¡Qué chorrada, Dios mío! ¡Qué infantilidad, Señor! ¿Cómo pueden ser tan estúpidos en su propaganda? Todos los españoles tienen a mano un bolígrafo. Ni en sentido figurado, ni en sentido desfigurado, jamás entenderé esa causa, tan imbécil, tan perversa, tan simplista. ¿Cuántos millones ha costado toda la campaña publicitaria de la AICF en El País, donde este año han salido publicadas bastantes páginas con la fotografía flaca y gorda de una mujer africana y de tan pesetero mensaje? Soy incapaz de soportar semejante corrupción. El País lo estáis utilizando para pedir dinero, dinero, dinero, dinero, dinero, no sabéis pedir otra cosa más que dinero. Así demostráis que sois miserables peseteros, que no sabéis pensar otra cosa. Así insultáis y queréis estafar a todos vuestros hermanos españoles, publicando mentiras, aparentando lo que no sois. ¿Para qué queréis nuestro capital, sino para continuar estafándonos y explotándonos? El padre Leopoldo decía que los salvadoreños somos babosos. También los españoles son babosos. Si el padre Leopoldo tenía razón, nosotros también la tenemos. Si los dirigentes de Acción Internacional Contra el Hambre se sienten ofendidos, que se aguanten, al igual que hemos aguantado los hombres y mujeres de nuestra tierra todas las ofensas de los europeos. Vamos incultos españolitos, vamos, salid todos corriendo a comprar bolígrafos y dadles dinero a los babosos de la AICF, dadles miles de millones de pesetas, muchos miles de millones de pesetas, para que semejantes peseteros continúen matando a más gente en todo el mundo. Por seme­jante simpleza nos están matando a millones de seres humanos en todo el planeta. ¿Acaso la lepra se cura con maquillaje? ¿Acaso las guerras se exterminan con fraudes? ¿Acaso el hambre en el mundo se combate con estupideces?

Queridos hermanos españoles, vosotros nos estáis debiendo una conquista continental, y es por eso que ahora venimos a conquistar Europa, para saldar esa vieja deuda. Entiéndanlo bien: no venimos a robarles el oro y la plata que nos pertenece, sino a robarle el corazón a todos los europeos, para combatir la corrupción que provoca tanta hambre y miseria en el mundo, para trabajar como Dios manda. No queremos más guerras en nuestras naciones, sino trabajo, desarrollo, cultura, solidaridad, democracia, paz, una vida más digna para nuestras futuras generaciones, construir un mundo mejor. Por eso, para trabajar y entendernos bien, compréndalo, tenemos que combatir la hipocresía y la corrupción. Queridos hermanos españoles, hasta cuando logréis liberaros de ese turbio amor material que os enceguece, hasta entonces lograréis comprendernos.

Los médicos españoles saben que yo no los desprecio, que no me creo en absoluto un super hombre, sino todo lo contrario, que durante todo este tiempo ellos mismos me han estado atendiendo de todas mis dolencias que como ser humano natural y corriente que soy también padezco y lamento. Una cosa nada tiene que ver con la otra, aunque las dos están dentro del mismo costal.


 
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