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Deuda externa y deuda social

Proyecto Generador de Empleo


DEUDA EXTERNA Y DEUDA SOCIAL

Todos los desheredados de la tierra
somos los legítimos propietarios
de la herencia que nos han usurpado
durante la existencia de la humanidad;
conocemos la astronómica cuantía de nuestra herencia:
la Deuda Externa que nos cobran los ricos es y siempre será
infinitamente inferior a la Deuda Social que les cobramos los pobres.

Cobranza de la Deuda Social


Los estafadores y los usureros han estado imponiendo sus leyes y es por eso que la Deuda Externa que le cobran a nuestros países sigue creciendo desmesuradamente, al mismo ritmo que se vuelven más déspotas y cínicos los que nos explotan y masacran. Los que han estado hablando por nosotros, los intermediarios, por interés, nunca quisieron reconocer la Deuda Social que ahora comenzamos a cobrar los pobres de todos los continentes. Ya no necesitamos intermediarios que sólo hablan lo que a ellos les interesa.

El Rey de España, S.M. Juan Carlos I, en 1986 escribió el prólogo del libro titulado «El hambre, una tragedia evitable». A ese interesante libro le tocó la misma suerte mortal que a la encíclica «Sollicitudo rei socialis». Los Médicos Sin Fronteras publicaron el libro «Silencio, se mata». El Instituto de Estudios Políticos para América Latina y África, el «Manifiesto Contra el Hambre en el Mundo». Y tantas otras publicaciones interesantes. Ya casi nadie las recuerda. Las buenas ideas o testimonios aquí los abortan antes de nacer o los matan en cuanto nace. Deberían resucitarlos, leerlos, meditar, poner en prácticas sus enseñanzas, demasiadas veces predicadas en el desierto. Ya los conocemos. Cuando salga a la luz pública este testimonio laboral, van a comenzar con sus archiconocidos aspavientos y cacaraqueos, como las gallinas que no hayan dónde poner el huevo. Cuando surgen catástrofes y se denuncian casos de corrupción asistencialista, al igual que cuando se presentan ¡deas innovadoras para fomentar el desarrollo de los pueblos, tanto los a favor como los en contra, demuestran su entusiasmo y elocuencia, por medio de declaraciones, entrevistas, reportajes, comunicados, mesuradas sentencias, diplomáticos silencios, homilías, cartas pastorales, editoriales, cartas al director, discursos, llamamientos, acusaciones, contraa­cusaciones, interpretaciones, reinterpretaciones, rectificaciones, condenas, promesas, muchas promesas, muchísimas promesas, más promesas con grandes lagunas, ríos y mares de tinta literaria, poses y giros modélicos según sea la circunstancia, el interés o la moda, chupando espacio en los medios de comunicación social, con grande euforia durante unos cuantos días, cayendo de inmediato en su mortífera rutina de siempre, a la espera de cualquiera otra novedad donde hacerse notar públicamente. Ahora no los vamos a dejar que caigan en ese horrible defecto, no les vamos a dar tregua nunca, porque les vamos a dar mucho trabajo, a millones de españoles, durante toda la vida. A partir de ahora ya no estarán única­mente hablando de lo que sucede en nuestros continentes, sino haciendo lo que hay que hacer en España y en todo el mundo para resolver el desempleo.

Venimos a darles trabajo, infinidad de trabajo, porque los orígenes de muchos males laborales que afrontan nuestras naciones radican en Europa. Hemos organizado el Proyecto Generador de Empleo de Carácter Innovador porque las circunstancias de nuestro país así nos lo exige. Los salvadoreños sabemos que el hambre es una tragedia evitable. En nuestro país tenemos suficientes recursos para erradicar el hambre. También sabemos que eran evitables los doce años de guerra civil que acabamos de soportar y que nos corresponde a los salvadoreños hacer todo lo necesario para desarrollar y pacificar nuestra nación. Sabemos que con el asistencialismo nos han estado estafando y cada pueblo tiene la obligación de organizarse y luchar por su desarrollo. Por eso estamos reconvirtiendo el fraudulento sistema asistencialista internacional, porque su falsa ayuda humanitaria es un obstáculo para el desarrollo de nuestras naciones. Vamos a crear centenares de miles de puestos de trabajo generadores de empleo en España, porque eso mismo es lo que necesitamos crear en nuestros países y en todo el mundo.

Y no piensen que nuestra opción de vida es desatinada, o que nuestro testimonio laboral es una manifestación errónea. El Rey de España en 1986 a todos los españoles, en el prólogo del libro, les advirtió que «no habrá paz en el mundo mientras haya hambre. No podrán las naciones compartir el lenguaje del progreso y sinceridad ante el futuro mientras cientos de millones de seres vivan humillados por la miseria. Esta es la gran batalla que hemos de desarrollar con todas las armas a nuestra disposición: la técnica, la distribución de los recursos a escala planetaria y, sobre todo, un compromiso constante en la lucha por parte de todos y cada uno de nosotros. También es verdad que sólo se puede ayudar a los que quieren ser ayudados, y que la mayor parte de la responsabilidad en la resolución del problema del hambre corresponde a los países que la sufren. Las ayudas exteriores, por muy masivas que sean, no son suficientes para sustituir esfuerzos que deben hacer los mismos países que sufren el hambre. Hay una serie de problemas económicos que sólo pueden arreglarse desde dentro. Es evidente que, al aumentar la riqueza y el empleo en un país con la creación de puestos de trabajo remunerados, se multiplica el número de familias que pueden salir de la plaga del hambre. Fomentar estos planes en muchos de los países afectados no es fácil, y constituye un reto para nuestra imaginación y creatividad en los esfuerzos de identificación de proyectos productivos en estos países. No se trata de establecer una estrategia providencialista sino de concretar un proyecto auténticamente universal que albergue soluciones dinámicas y que proporcione a los pueblos afectados unas nuevas condiciones de desarrollo socioeconómico. Esta es la obra de la solidaridad mundial para un reto dirigido a la conciencia universal y a la de cada hombre. Estamos en guerra contra el hambre y la miseria. La guerra en la que toda la comunidad ha de alistarse sin miedo y con esperanza.»

Hace una década fue publicada esta importantísima advertencia del Rey de España y ninguna institución benéfica española fue capaz de asumirlo como suyo. Es lógico. Cada institución española va a lo suyo cada cual según sus propios intereses, que no concuerdan con los verdaderos intereses de los pobres. Y no es porque la gente no sea solidaria, que existen millones y millones de personas solidarias con la causa de los pobres, realmente todos los seres del planeta, sin excepción alguna, cada cual a su manera y en su momento. No es porque no exista gente honrada y de buena voluntad en todas las naciones y pueblos, donde millones de personas están dispuestas a ofrendar su vida por su propio desarrollo a tal grado que tenemos muchos miles de mártires y santos por nuestra causa; incluso tenemos miles de profetas; pero que, debido a su limitada y particular existencia, han sido y continuaran siendo incapaces de dirigir el desarrollo de cada una de nuestras familias, porque no es de su compe­tencia, ni está a su alcance. Es ley de vida. Como mujeres y hombres trabajadores que somos, no permitimos que nadie nos mantenga como si fuéramos inútiles. Es cuestión de dignidad.

Lo que necesitamos para vivir dignamente, lo hemos de ganar por nuestra propia cuenta. Por eso le reclamamos a los paternalistas, por su intrusismo y mezquindad, porque estafan y maltratan a nuestras familias. A ninguno de nosotros nos gusta que sea otra persona la que decida que, cuando, donde y cómo hemos de comer, vestir y dormir cada día. A nadie le admitimos que nos impida trabajar y construir nuestra vivienda. ¿Acaso no tenemos derecho al desarrollo e intimidad familiar? Para eso trabajamos y pagamos nuestros respectivos impuestos, siendo los pobres los que mas pagamos, los que nunca evadimos nuestra responsabilidad, los que incluso pagamos con el pellejo y la sangre porque no tenemos más Los pobres y los trabajadores pagamos al Estado los impuestos, incluyendo los que pagan los ricos y las empresas, para que nuestras respectivas naciones funcionen en todos los sentidos, para que no tengamos que depender de nadie en particular, para que todos seamos debidamente atendidos y recompensados, para que nuestra sociedad sea más justa y fraterna. Si los ricos y sus empresas evaden el pago de los impuestos, no es porque los pobres no los hayamos pagado religiosamente todos los días del año, sino porque hay corrupción o deficiencia en el sistema. Y si no encontramos un puesto de trabajo que satisfaga nuestros requerimientos mínimos, nos lo inventamos, que para eso somos inteligentes, que les quede claro: nuestros hijos y los hijos de los hijos de nuestros hijos, hasta el final de los tiempos, continuarán luchando por lo mismo, por su subsistencia y por su libertad.

No queremos ayuda, de ningún tipo, porque cada vez que las instituciones europeas nos ayudan, nos dejan más empobrecidos, muertos de hambre y enemistados para la guerra. Somos trabajadores y queremos trabajo, mucho trabajo, más trabajo, toda clase de trabajo, productivo y rentable, para realizarnos como personas, durante toda la vida. Por eso los pobres ahora comenzamos a cobrar todo lo que nos deben, al mismo tiempo que invertimos nuestros ahorros, conocimientos y fortalezas, para crear nuestras empresas solidarias y obras sociales al servicio de la humanidad. Nada nuevo estamos inventando para crear empleo. Lo que nosotros hacemos es absolutamente sencillo, tan sencillo que hasta les parecerá increíble: trabajar, como trabaja cualquier trabajador normal y corriente de cualquier pueblo del mundo, debidamente contratado y remunerado.

Los ricos asistencialistas, como los zánganos a las abejas, continúan estafando a los pobres. La naturaleza es así, a los zánganos, las abejas trabajadoras se encargan de eliminarlas. Respecto a as ayudas humanitarias, Cristo dijo: «si quieres ser mi discípulo, vende todo lo que tienes, dáselo a los pobres coge tu cruz, y sígueme». Los fariseos hacen lo contrario, dicen que aman a Dios, se vanaglorian de su falso humanitarismo, mientras se enriquecen con la limosna de los pobres que recaudan las instituciones benéficas. Después de haber hecho la multiplicación de los panes y los peces, y después de haberle dado de comer a la muchedumbre que le seguía por el desierto, todos los pobres se fueron a sus pueblos y sus casas, a trabajar, cada quien en lo que tenía que trabajar, a cumplir cada quien con sus respectivas obligaciones.


 
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