Ley de extranjería española - Inspiración de Jesucristo

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Ley de extranjería española

Proyecto Generador de Empleo


LEY DE EXTRANJERÍA ESPAÑOLA

Millones de europeos
han vivido y continuarán viviendo
en nuestra tierra, que también es vuestra;
por lo tanto,
millones de mujeres y hombres de todo el mundo
tenemos legítimo derecho a vivir
en vuestra tierra, que también es nuestra.

Cobranza de la Deuda Social


Las instituciones benéficas se dedican a pedirle dinero a los españoles para dárnoslo a los pobres extranjeros y españoles. Y estando en España millones de españoles y extranjeros pobres, nos preguntamos: ¿por qué otros tienen que andar pidiendo dinero para nosotros? ¿Acaso nos han librado de la miseria los intermediarios asistencialistas? ¿Acaso no podemos nosotros mismos recaudar y administrar el capital que nos pertenece? ¿Acaso no somos víctimas de la misma marginación y explota­ción todos los pobres del mundo?

La beneficencia no libra de la miseria a ningún pobre. En España la Ley de Extranjería nos está obligando a tener un puesto de trabajo debidamente remunerado. ¿De qué nos sirve que las instituciones benéficas nos den mal de comer y mal de dormir por unos cuantos días, si la Policía nos captura cuando andamos deambulando por las calles, nos mete en la cárcel por indocumentados y nos deporta para nuestros países? La Ley de Extranjería es tajante al exigirnos un puesto de trabajo para entregarnos el documento que ratifique nuestra residencia legal. A la Ley de Extranjería no le importa en absoluto que las instituciones benéficas nos mantengan. Nos urge crear nuevas empresas en esta nación, para evitar que españoles deshonestos nos continúen estafando con ayudas que son un fraude. ¿Por qué nos obligan a someternos a semejante infamia? ¿Por qué les molesta que nos desarrollemos laboralmente en este continente? ¿Por qué les molesta que organicemos nuestras propias empresas en todas las poblaciones españolas? ¿Por qué les molesta que nos ganemos honradamente el salario que necesitamos para vivir en paz? ¿Por qué les molesta que cobremos lo que nos deben? ¿Acaso no llegaron millones de españoles pobres a crear sus pequeñas, medianas y grandes empresas en todo nuestro continente? ¿Acaso durante siglos no han expoliado y aún continúan substrayendo la riqueza de nuestros continentes para financiar el desarrollo de Europa? ¿Por qué los españoles sí pueden nacionalizarse y enriquecerse en nuestras naciones, mientras en España a los extranjeros nos meten presos y expulsan por el simple delito de ser pobres?

No queremos limosnas envenenadas. Queremos justicia. Exigimos justicia. Sabemos trabajar y queremos que nos dejen trabajar en paz. Todos los años millones de pobres nos morimos de hambre en todo el mundo, y nos continuaremos muriendo, si dejamos que nos sigan estafando los europeos. Aquí dicen una cosa y en nuestras naciones hacen otra. Nosotros ya no vamos a suplicarle a las instituciones benéficas, sino que vamos a hacer lo que nos conviene. El Gobierno español no quiere que los extranje­ros continuemos durmiendo y pidiendo por las calles, sino que trabajemos y paguemos nuestros respec­tivos impuestos. Eso mismo queremos nosotros y eso es lo que estamos haciendo. Todos los pobres queremos un puesto de trabajo, tener derecho a la seguridad social, recibir todos los años nuestras pagas extraordinarias, disfrutar cada año un mes de vacaciones, alimentar todos los días a nuestras familias, educar a nuestros hijos en buenas escuelas y universidades, promover la democracia y el desarrollo de nuestras naciones. Los gobernantes españoles dicen que no quieren que seamos parásitos de la sociedad, sino que generemos riqueza y que vivamos bien. Para la Ley de Extranjería, la beneficencia no sirve, al igual que no sirve para nosotros. La Ley de Extranjería nos proporciona la cobertura legal que necesitamos para trabajar, a pesar de todo; en cambio, las instituciones benéficas nos demuestran su falsa caridad, al institucionalizar dependencias nefastas, al no tener poder para multiplicar la comida, al utilizarnos para consumir los recursos materiales solidarios, al no generar riqueza de ningún tipo, al despreciar la técnica generadora de empleo, al ignorar la sabiduría de los siglos, al marginarnos de la toma de decisiones, al impedir que nos integremos en el mercado laboral.

Tenemos derecho a desarrollarnos laboralmente en este continente. El intermediario asistencialista que se opone a que nos desarrollemos en este continente, es enemigo de la vida, la solidaridad, la tolerancia, la justicia, la paz, la democracia, y de todos los principios éticos y morales. Millones de españoles que llegaron hambrientos con la única ropa que llevaban puesta, continúan viviendo en nuestro continente, trabajando en empresas con su debido contrato laboral o en su propia empresa comercial, agropecuaria, marítima, industrial, bancaria, química, farmacéutica, hostelera, transportista, etc. Para millones de gallegos, vascos, catalanes, andaluces, castellanos, valencianos, murcianos, navarros, extremeños, madrileños, asturianos, de todas las Comunidades Autónomas, nuestras naciones son ahora su patria y la inmensa mayoría nunca han regresado ni regresarán jamás a Europa, porque prefieren que sus restos mortales sean enterrados en la noble tierra que les ha dado trabajo, cariño, cobijo, sustento, fortuna y prestigio en abundancia. Durante el presente siglo millones de españoles se fueron huyendo de la guerra civil y la guerra mundial, a tal grado que es raro encontrarse hoy en día con un español que no reconozca que tiene parientes en nuestro continente, o que hace unos cuantos años retornaron con el capital que se trajeron de allá. Millones de españoles, sacerdotes, monjas, guerrilleros, militares, políticos, profesionales, estudiantes, obreros, campesinos, en nuestro continente encontraron la oportunidad que anhelaban para vivir y realizarse como personas, estando ellos y sus parientes sumamente agradecidos y nos demuestran su grande estimación dondequiera que los encontramos.

El buen trato que les hemos dado a los que cruzaron el Atlántico para quedarse a vivir con nosotros, no se corresponde con el maltrato que recibimos los americanos que venimos a trabajar en el desarrollo de su madre patria. Desde la década pasada aquí comenzamos a comprobar que eran una farsa todas las bondades que sobre España nos enseñaron en escuelas, colegios y universidades, así como en libros de historia y medios de comunicación. Desde la década pasada grande ha sido nuestra desilusión y pesadumbre ai encontrarnos con esa miserable Ley de Extranjería española, que es nefasta y retrógrada, tanto en su planteamiento como en su aplicación. Varios sindicatos y asociaciones humanita­rias españolas, tanto civiles como religiosas, rechazan esa ley racista, intolerante, incitadora de xenofobia, en total confrontación con nuestros derechos humanos. Hasta el Defensor del Pueblo ha intervenido en multitud de casos para tratar de corregir muchas anomalías cometidas hasta el momento.

A nosotros, en concreto, esa Ley de Extranjería ya nos ha causado graves daños y perjuicios. El año pasado en el Aeropuerto de Barajas cometieron el error de aplicarle la Ley de Extranjería al compañero salvadoreño Sebastián Sorto Robles, tesorero de la Fundación Empresarios Sin Fronteras, cuando venía para Santiago de Compostela en vuelo regular de Iberia procedente de El Salvador. A las tres horas de haber llegado al aeropuerto de Madrid lo mandaron de vuelta para nuestro país, después de estropearle el equipo informático y de comunicación que trasladaba para la delegación que habíamos creado en Galicia. Hace cinco años también expulsaron al compañero Fidel Morales. A este salvadoreño que les recuerda lo que han hecho, también en dos ocasiones lo han deportado. La última vez me detuvieron en las oficinas de los Empresarios Sin Fronteras que habíamos abierto en una céntrica calle de Santiago de Compostela. Por eso decidimos trasladarnos a Madrid, aprovechando que también se trasladaba monseñor Rouco, para organizarlo todo aquí de tal manera que jamás vuelvan a cometer se­mejante atropello con ningún otro miembro de nuestra organización laboral.

Los salvadoreños siempre estamos en pleno desarrollo. Les estamos demostrado que a la Asocia­ción Gallega de Ayuda a El Salvador la convertimos, de hecho, en la Asociación Salvadoreña de Ayuda a España. Así les demostramos nuestra profesionalidad, nuestra generosidad, creando nuevos puestos de trabajo especializados en desarrollo empresarial y social, rentabilizando nuevas empresas solidarias y obras sociales generadoras de empleo, organizando nuevos consejos de administración y juntas de vigilancia en todas las poblaciones españolas. En 1989 publicamos en Galicia nuestros programas laborales y se los entregamos a varias ONGD para que los desarrollaran mientras nosotros nos dedicábamos a la pacificación en El Salvador. Y ellos, los dirigentes asistencialistas, no quisieron o no supieron hacerlo. El año pasado contratamos a varios jóvenes profesionales en Galicia; y, este año, en Madrid contratamos a varios profesionales universitarios de diversas poblaciones de España, después de publicar dos ofertas de empleo en Segundamano. Aquí, lamentablemente, existen muchos jóvenes prepa­rados en diversos aspectos técnicos, que no saben qué hacer con sus conocimientos para librarse del desempleo. Ahora les estamos entregando la materia prima del Proyecto Generador de Empleo de Carácter Innovador que necesitan para comenzar a trabajar rentablemente, otra más de las muchas materias primas que siempre les hemos dado durante siglos para desarrollar y enriquecer este continente.

Para reconvertir el sistema asistencialista nos apegamos a la justicia. En el Arzobispado de Santiago de Compostela han podido constatar que no le tenemos miedo a los tribunales de justicia, ni a las magistraturas de trabajo como les llamaban antes, ni a los sindicatos, sino todo lo contrario. Durante la década pasada en Galicia quedaron públicamente expuestos una serie de precedentes laborales, para que todos los socios y trabajadores, cuando lo consideremos oportuno, podamos presentarnos con abogados y pruebas a reclamar nuestros legítimos derechos. Nuestra organización está obligada, en caso de detectar cualquier corrupción o desidia, a recriminar a los responsables, incluso procesándolos, según sea la gravedad de la falta. Así combatimos esa impunidad y prepotencia de los corruptos que en la actualidad tanto perjudican a las instituciones humanitarias.

En nuestro pueblo mucha gente nos hemos sacrificado para desarrollarnos en otras naciones. Poco a poco conocerán todos los testimonios de nuestros compañeros. Por ejemplo: a Juan Ángel Moreno Cruz, otro compañero de Santa Rosa de Lima y que hasta hace pocos meses ejercía el cargo de presidente del Consejo de Administración de la Asociación Cooperativa de Ahorro y Crédito Comunal de El Salvador, antes de entrar en territorio USA, tuvo que estar preso durante algo más de un mes en las cárceles de México, por el simple delito de ser extranjero, con el agravante de ser salvadoreño. Después de que lo obligaran a regresar a nuestro país, se volvió a ir por Guatemala y México, hasta que logró pasar clandestinamente la frontera de Estados Unidos. Yo, a finales de la década pasada, después de que me deportaran para El Salvador, regresó por Iberia a Portugal y amigos portugueses me ayudaron a pasar clandestinamente en una barca la frontera por el río Miño, permaneciendo en Santiago de Compostela hasta que diez meses después me volvieron a detener y deportar por segunda vez. Un mes después por Iberia volví a Portugal a redactar un testimonio sobre la corrupción asistencialista en mi país y, tres meses después, en cuanto terminé de redactarlo, por la misma aduana pasé clandestinamente otra vez, escondido en el coche de amigos portugueses que me llevaron hasta Compostela para que disfrutara de las fiestas del Apóstol Santiago. Dos días después regresé en Iberia a El Salvador, para publicar el testimonio en Santa Rosa de Lima el primer día del mes de agosto, y tan contundente y efectiva fue nuestra estrategia que el padre Leopoldo decidió, en menos de diez días, renunciar para siempre a la Secretaria General de la Conferencia Episcopal. El 29 de agosto de 1990, tal como estaba previsto, en solemne misa concelebrada por monseñor Alvarez y varios monseñores y sacerdotes de varias parroquias de todo el país, en nuestro pueblo inauguramos nuestro renovado templo parroquial. Así le demostramos a nuestro antiguo párroco gallego que nosotros no somos tan tontos como él creía. Por su orgullo, mi hermano Leopoldo prefirió renunciar a la Conferencia, en vez de regresar a inaugurar nuestro renovado templo parroquial. Nunca debió marcharse furtivamente de nuestro pueblo; y, mucho menos, oponerse al desarrollo de nuestra comunidad.

El año pasado, 3 de marzo/95, ingresé a España, volando siempre con Iberia, después de haber cumplido los años que me indicaron que debía permanecer fuera de esta nación y después de haber confirmado la Embajada en San Salvador que no tendríamos ninguna dificultad para invertir en Galicia. El año pasado no tuve ninguna dificultad a la hora de entrar por Barajas y pocos días después tampoco tuvo dificultad el síndico de la Fundación, Carlos Antonio Romero Fernández; sin embargo, pocos días después, el tesorero de nuestra Fundación, Sebastián Sorto Robles, en Barajas lo retuvieron y lo deporta­ron para nuestro país. Esa expulsión fue improcedente, en cuanto que en San Salvador la Embajada nos dice que a los salvadoreños no nos hace falta ningún visado para venir a invertir en esta nación. La contradicción no es nuestra, sino de las autoridades españolas, que en nuestras naciones dicen una cosa, y en este país hacen otra. Así, con esa ambigüedad, al igual que nos han estafado a nosotros, las autoridades españolas llevan años estafando a miles de latinoamericanos que legalmente pagamos los pasajes a Iberia y que de Barajas nos envían de regreso. Allá nos cobran los pasajes e impuestos legalmente, y aquí nos obligan a regresar a nuestras naciones en cuanto llegamos a Barajas. Por eso, para defender nuestros derechos, vamos a crear el Gabinete Jurídico de nuestra organización laboral, integrado por un equipo de abogados españoles, de tal forma que la próxima vez que incurran en ese error con uno de nuestros compañeros salvadoreños, presentaremos la correspondiente demanda en el tribunal de justicia competente. Si los cooperantes españoles no tienen ninguna dificultad para ingresar a nuestro país, ¿por qué los cooperantes salvadoreños tenemos tantas dificultades para entrar en España? ¿Acaso los españoles no necesitan que les ayudemos los salvadoreños? ¿Acaso no llevamos ayudándoles toda la vida desde que los conocimos? ¿Acaso han habido profesionales españoles que estén lo sufi­cientemente capacitados para desarrollar el Proyecto Generador de Empleo de Carácter Innovador? Y si los hay, entonces, ¿por qué no lo han hecho nunca? Aquí nunca nadie de las instituciones benéficas fue capaz de hacerlo, a pesar de que les dijimos lo que tenían que realizar.

El año pasado, el síndico de la Fundación Empresarios Sin Fronteras y notario de El Salvador, Carlos Antonio Romero Fernández, trajo documentación legal de nuestra organización laboral, para crear ante los oficios de Ildefonso Sánchez Mera, Notario del Ilustre Colegio de Santiago de Compostela, la nueva empresa Proyectos Internacionales Especializados en Cooperación Técnica y Administrativa, S.L; habiéndose depositado el capital de la empresa en una cuenta corriente de la Caixa Galicia a nombre de la empresa; procediéndose de inmediato a realizar todos los trámites y pago de impuestos para su debido registro legal. Además concedimos el poder de representación nuestra a un joven abogado de Santiago de Compostela, según consta en acta notarial debidamente registrada. Después de la inesperada expulsión del tesorero de la Fundación y teniendo en consideración que los dos estábamos autorizados para manejar conjuntamente las cuentas de la Fundación, decidimos suspender temporalmente todo el proceso de legalización de nuestra organización en España, así como el bloqueo de todas las cuentas, hasta definir nuestra nueva estrategia de defensa y desarrollo en esta nación.

Debido a la expulsión del tesorero de la Fundación, el año antepasado presenté en Madrid mi solicitud de refugio para evitar que me volvieran a aplicar la Ley de Extranjería. Presenté mi solicitud simplemente para ganar tiempo, el tiempo que necesitaba para redactar este testimonio laboral. De hecho la solicitud ya me fue denegada y renuncié a presentar el recurso contencioso administrativo a que tenía derecho, en cuanto que a mí nunca me ha interesado que se me reconozca como refugiado ni aquí ni en ninguna otra nación. La Policía Nacional en Santiago de Compostela sabe que durante toda la década pasada, a pesar de que en nuestro país estábamos en guerra, nunca solicité asilo ni refugio, porque a mí siempre me ha interesado entrar y salir de mi país cuantas veces me apetezca y sea necesario para realizar las tareas que me corresponden en nuestra labor organizativa. Durante toda la década pasada tampoco arreglé mi situación legal en España, por mi situación indigente, ya que decidí renunciar a las ventajas que me proporcionaba el capital de mi empresa y de mi familia, para dedicarme en cuerpo y alma a conocer cómo funcionan realmente las instituciones benéficas, sometiéndome a su sistema asistencialista durante quince años consecutivos; no durante un fin de semana, como ha hecho más de algún político asistencialista, que luego han salido en grandes titulares de prensa y en sonadas entrevistas de radio y televisión. Antes de llegar a Santiago de Compostela conocía Cáritas desde la cúpula y ahora la conozco desde abajo. Ahora conozco todas sus virtudes y defectos, especialmente los defectos que nunca han logrado ver, o más bien, que nunca les ha interesado rectificar a sus tan bien intencionados y encumbrados dirigentes. Y hoy, después de dos expulsiones, para que nunca más me vuelvan a expulsar de está nación en la que quiero permanecer el tiempo que me dé la gana, estoy creando mi propio puesto de trabajo generador de empleo en Europa. ¿Acaso me van a acosar, detener y expulsar otra vez aprovechándose de esa maldita Ley de Extranjería?


 
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