Somos trabajadores pobres con derecho a voz y voto - Inspiración de Jesucristo

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Somos trabajadores pobres con derecho a voz y voto

Proyecto Generador de Empleo


SOMOS TRABAJADORES POBRES CON DERECHO A VOZ Y VOTO

«Siempre se ha dicho:
pobres los indios que no saben hablar;
entonces muchos hablan por ellos;
por eso me decidí a aprender el castellano.»

Rigoberta Menchú


No nos continuarán engañando. La beneficencia no nos libra de la miseria a los pobres, sino que nos hunde en la más cruel ignominia, en la farsa paternalista, en la dependencia asistencial. Con el asistencialismo sólo se enriquecen las instituciones benéficas y sus multimillonarios estafadores. En nuestro país, mientras a nosotros nos mataban, ellos se enriquecían y burlaban sin ningún escrúpulo. Los centroamericanos no queremos limosnas corruptas. No queremos falsa caridad. Queremos justicia. Exigimos justicia, para todo el mundo. Somos pueblos con grandes ideales. Con nuestra propia sangre conquistamos la libertad. Estamos hartos de tanta guerra. Queremos paz. En todas las naciones siempre existe abundante capital para armar la guerra. También existe suficiente capital para construir la paz. Para terminar la guerra, suscribimos los Acuerdos de Paz. Ahora estamos consolidando la paz. Somos constructores de paz. El futuro lo estamos construyendo ahora. Nuestros enemigos son los enemigos de la paz. Que no nos continúen matando de hambre y a balazos. Que practiquen lo que predican. Que cumplan las promesas. Siempre hablan de milagros y, por su mala fe, por sus temores infundados, jamás realizan uno. Que apacienten las ovejas en vez de convertirse en lobos sangrientos. En vano juran los votos que son incapaces de cumplir. No pierdan el tiempo buscando excusas para desprestigiarnos. Nuestro santo patrón es El Salvador del Mundo y nuestra santa patrona es la Reina de la Paz.

¿Por qué no regresa nuestro antiguo sacerdote gallego a Santa Rosa de Lima? Llevamos quince años rogándole que regrese a su antigua parroquia. Nosotros no hacemos como hacen los católicos en Galicia, que cuando tienen problemas con un sacerdote, los de la parroquia lo expulsan del pueblo. ¿Acaso no se han publicado incluso por la televisión española todos los escándalos ocurridos en Galicia? Nosotros, en Santa Rosa de Lima, hacemos lo contrario: queremos que regrese el padre Leopoldo, a abrazarse con sus parroquianos y amigos, a entregarnos cuentas, a realizar la obra que nos prometió hace veinte años. Que no siga huyendo de nuestro pueblo. Que nos demuestre que no eran un fraude las misas que celebraba en nuestro templo parroquial. Que nos demuestre que es nuestro hermano. Que elimine el odio de su corazón. Que sea humilde y honesto. Que le suplique a Dios sabiduría e inteligencia. Él sabe que celebraremos una gran fiesta eucarística cuando regrese al pueblo. El sabe que el perdón de la confesión y la reconciliación que nace de la verdad son fruto del amor.

Jesucristo continúa multiplicando y distribuyendo alimento para saciar a su pueblo, y aún le sobra en abundancia. ¿Acaso no entienden los signos? A las consumistas instituciones benéficas siempre les hace falta dinero para lo poco que hacen. Los dirigentes asistencialistas, los hipócritas que promueven el desarrollo de los pueblos, dicen que nos enseñan a pescar. No pueden enseñarnos a pescar, porque no saben pescar. Únicamente saben pedir y que les pidan. Les encanta que les supliquemos. Disfrutan humillándonos. ¿Cómo es posible que miles de ciegos españoles puedan ver las cosas con muchísima más claridad que los dirigentes asistencialistas? ¿Quiénes son en realidad ciegos y estériles? Los ciegos españoles y sus familias viven como Dios manda. ¿Acaso existe en España algún ciego que sea mendigo? Durante los últimos quince años, al único ciego que he visto pidiendo en España, en la entrada del Metro de la Puerta de Toledo, en Madrid, se llama Abdekader; y, según dice él, nació en Ceuta. Como la ONCE sólo es para españoles, el pobre Abdekader no ha logrado ser inscrito durante varios años de gestiones. Menos mal que Abdekader ya logró que en Ceuta, gracias a las gestiones de las trabajadoras sociales del Ayuntamiento de Madrid y otras personas que se interesaron por su caso, hace pocos días le entregaron la documentación que certifica que es español. A excepción de Abdekader, que aún hoy anda pidiendo y durmiendo en la calle, todos los ciegos españoles tienen sus propias casas donde duermen bien y sus puestos de trabajo donde cobran sus buenos salarios, porque su organización empresarial le proporciona empleo y le garantiza una vida digna exclusivamente a los ciegos españoles. Gracias a su trabajo ellos han logrado rentabilizar la ilusión de todos los días y muchas más empresas. ¿Acaso la organización empresarial de los ciegos no le proporciona empleo y beneficio a decenas de miles de familias de otros colectivos marginados y sectores sociales? ¿Por qué los ciegos de nuestros países están en absoluta inferioridad de condiciones que los ciegos españoles? No existe ningún impedimento técnico para lograr el desarrollo laboral de nuestras comunidades marginadas. Lo único que hace falta es voluntad para reconocer nuestros derechos humanos. No existe tarea humana que no sea posible realizar. Sólo los cínicos y los necios cometen la estupidez de objetar ante la evidencia.

No somos ignorantes. Lo que yo no sé, lo sabe mi compañero, que es lo mismo como si yo lo supiera. Somos miles de millones de trabajadores en todo el mundo y, entre todos, sabemos mucho más de lo que se imaginan. En el País Vasco tenemos otro ejemplo claro y palpable de lo que es desarrollo empresarial apropiado. ¿Acaso no saben cuándo y cómo nació esa organización laboral? ¿Cuántas decenas de miles de personas trabajan en la Corporación Cooperativa Mondragón? ¿Cuántas decenas de miles de millones de pesetas van a ganar este año? Lucrarse con la mendicidad es fácil, basta con ser sinvergüenza y oportunista. Lo difícil, lo trabajoso, lo maravilloso, es sembrar, producir, compartir, disfrutar, todos los años, toda la vida, los frutos del trabajo solidario, en igualdad de derechos, en plena vida cooperativa. Los ciegos ven. Los mudos hablan. Los sordos oyen. Los paralíticos andan. Los muertos resucitan. Los fariseos nunca entienden nada. Los dirigentes paternalistas son ciegos porque únicamente ven con los ojos del cuerpo a través del interés de su avaricia; si lograran ver con los ojos del espíritu se darían cuenta que los que creen que ya están muertos en realidad todavía continúan y continuarán vivos reclamando sus legítimos derechos desde el principio hasta el final de los tiempos. Somos continentes de riqueza y esperanza. Durante cinco siglos, a los europeos les hemos dado inmensas riquezas, a cambio de miseria y guerra. Durante los próximos milenios, les vamos a dar todavía mucha más riqueza, pero a cambio de desarrollo y paz, para todo el mundo.

En España dicen que con la Iglesia topamos. En El Salvador, los dirigentes corruptos de Cáritas, con nuestro pueblo toparon, porque nosotros también somos miembros de la Iglesia, porque también somos Pueblo de Dios. Sabemos trabajar tanto lo tangible como lo intangible. En Santa Rosa de Lima somos expertos administrando y multiplicando riqueza. Hace tiempo descubrimos esta mina de solidaridad laboral y desde entonces nos propusimos explotarla de tal forma que beneficie a todo el mundo. Nuestras minas, tanto la de oro como la de solidaridad, lo dan todo, siempre, a cambio de trabajo. Aquí siempre han despreciado la pobre piedra que los mineros sabemos que contiene infinitas riquezas materiales y espirituales. Sabemos lo que estamos haciendo. Las instituciones benéficas se dedican a pedirle dinero a los trabajadores españoles, diciéndoles que es para dárnoslo a los pobres. Ellos jamás nos van a sacar de la miseria. Los intermediarios preferirán continuar manteniéndonos engañados con sus miserables donativos. Si dejamos que las cosas continúen de la misma manera, ellos cada vez continuarán enriqueciéndose y envileciéndose más", mientras los pobres cada vez soportaremos sus peores miserias y desprecios. Y estando en España millones de extranjeros y españoles desemplea­dos, continuamos preguntándonos: ¿por qué otros tienen que andar pidiendo dinero para dárnoslo a nosotros? ¿Por qué hemos de permitir que intermediarios inconsecuentes y deshonestos continúen tratándonos como si fuéramos inútiles? ¿Acaso no podemos nosotros mismos recaudar y administrar el capital que legítimamente nos pertenece desde siempre? Es lamentable que todavía exista tanta gente que aún no comprenda que este planeta es el hogar de todos, que todos tenemos el mismo cielo por sombrero. Para que nos vayan conociendo mejor, para que conozcan cuáles son nuestras fuentes de inspiración, les diremos que a los de Santa Rosa de Lima no nos gustan las fronteras, porque han sido la causa de demasiados conflictos con nuestros hermanos hondureños. ¿Por qué tenemos que pedir permiso y perder tiempo en las fronteras cada vez que deseamos visitar a nuestros hermanos que viven en otras naciones? ¿Por qué no puede haber libre circulación en todas las naciones del mundo? ¿Por qué no podemos ir adonde nos apetece? Un canta-autor guatemalteco, para que nos vayan conociendo mejor, le dice a todo el mundo que «las fronteras son dibujos en mapas que no logramos entender».

Ahora estamos viviendo una nueva fase de solidaridad laboral internacional, después de haberlos tolerado durante más de quinientos años. Dicen que éste es ei Año Internacional de la Tolerancia y es por eso que, a partir de ahora, siempre tendrán que tolerarnos a los indígenas de todo el mundo, incluso a los indígenas de España. El que no es indígena, es ignorante. Ya escucharán las voces de los demás pueblos y naciones de América, África, Asia, Oceanía y, por supuesto, de Europa también. No es con nuestro capital con el que han estado jugando, sino con nuestras vidas. ¿Acaso no somos víctimas de la misma marginación y explotación todos los pobres del mundo? A Dios gracias ahora estamos resucitando de entre millones de muertos, para administrar lo que nos pertenece: el derecho al trabajo, el derecho a la vida.

Los trabajadores de América, África y Asia, no venimos a España a que nos mantengan las instituciones benéficas, tampoco venimos de turistas a Europa, sino a buscar un empleo donde podamos devengar un salario digno por nuestro trabajo. Los trabajadores españoles se quejan, porque venimos a quitarles los puestos de trabajo a ellos, a trabajar por menos dinero, a empeorarles su nivel de vida. Y tienen razón al quejarse, hacen bien en preocuparse, porque mientras crezca la desigualdad existente, la avalancha de inmigrantes será cada vez mayor, porque cada vez somos más millones de hombres y mujeres los que sabemos que aquí tenemos más oportunidad de encontrar un puesto de trabajo, aunque sea ilegal. La inmigración es un fenómeno imparable. Durante los últimos veinte años, más de dos millones de trabajadores salvadoreños emigramos para USA y Canadá, cruzando las fronteras clandestina­mente. De todas las naciones nos estamos trasladando millones de trabajadores a los países industrializados, a reconquistar nuestros derechos. Ni la más sofisticada parafernalia militar ha logrado detenernos. Incluso hasta leyes constitucionales de los Estados Unidos hemos logrado cambiar. En Europa está sucediendo lo mismo. Y, aunque nos continúen matando, aunque nos traten peor en las calles, aunque nos metan cada vez más en las cárceles por indocumentados, aunque a decenas de miles nos apliquen la Ley de Extranjería y nos deporten para nuestras naciones, continuaremos viniendo cada vez más millones de inmigrantes. Con represión nunca van a lograr nada, como no sea encandilar más los ánimos. Somos pueblos acostumbrados a soportar las más crueles de las represiones. El movimiento migratorio jamás podrán pararlo mientras persistan las actuales injusticias internacionales. Las instituciones benéficas españolas son incapaces de satisfacer las necesidades materiales de los pocos millones de desempleados que ahora estamos aquí; y, en el futuro, debido a la millonaria afluencia de inmigrantes y al acelerado envejecimiento de la población europea, su servicio asistencial será más deficiente y caótico.

No queremos asistencialismo aquí, ni en nuestras naciones. Nosotros preferimos vivir en nuestras propias tierras, con nuestras familias. Estamos aquí obligados por las circunstancias económicas y políticas. A nosotros nos interesa la pacificación y el desarrollo laboral de Canadá, USA, México, Guatemala, Belice, Honduras, Nicaragua, Costa Rica, Panamá, Puerto Rico, Dominicana, Cuba, Haití, de todas las naciones caribeñas y sudamericanas, de todas las naciones y pueblos del mundo, y de El Salvador por supuesto. A todo el mundo le interesa el desarrollo laboral de sus respectivas naciones. A los mal llamados primermundistas les interesa especialmente, porque es la única fórmula viable para evitar la multimillonaria invasión de los mal llamados desempleados segundomundistas, tercermundistas y cuartomundistas. Si dejamos que las cosas sigan deteriorándose como ahora, continuaremos soportando el surgimiento y radicalización de más guerras fratricidas y hambrunas. Por eso los inmigrantes america­nos ahora comenzamos a desarrollar nuestra organización empresarial y social, aquí mismo, en Europa, para demostrarles las ventajas de nuestros programas de desarrollo laboral. Venimos a crear nuevas empresas solidarias y obras sociales generadoras de empleo, que beneficiarán económicamente a los socios y trabajadores españoles que participan en su financiamiento y rentabilidad. De esa misma manera vamos a salir beneficiados los trabajadores y colaboradores en nuestros países. No venimos a pedirles nada, absolutamente nada, sino a cobrar lo nuestro y a darles mucho más trabajo. Así, trabajando, nos libraremos de la corrupción asistencialista que ha estado entorpeciendo el apropiado desarrollo de nuestras naciones y continentes.


 
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