Son farsantes y estafadores - Inspiración de Jesucristo

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Son farsantes y estafadores

Proyecto Generador de Empleo


SON FARSANTES Y ESTAFADORES

«La tierra es ingrata cuando la habitan hombres ingratos.»

Popol Vuh


Tenemos que eliminar la farsa de los que dicen estar promoviendo el desarrollo de nuestras naciones. El "salario humanitario" de los Médicos Del Mundo demuestra su hipocresía. Sus médicos dicen que son voluntarios y, vaya curiosidad, están cobrando excelentes salarios mensuales (El País, del 2 de julio/95. Mientras están en el extranjero: a) en España les depositan 120.000 pesetas en sus cuentas bancarias; b) les dan otros 87.000 pesetas mensuales para gastos personales en nuestros países; c) se gastan otras 87.000 pesetas mensuales para su comida, vivienda, gasolina, etc.; y, d) la entidad humanitaria paga el pasaje aéreo y seguro del cooperante. Las ingratitudes que aquí se cometen son tremendas. En su campaña publicitaria la Acción Internacional Contra el Hambre por la prensa está diciendo que se necesitan 3.000 pesetas para engordar a una pobre mujer africana, mientras los Médicos Del Mundo mensualmente gastan más de 300.000 pesetas en un rico cooperante. Dicen que ayudan a África y un médico español deja sin comida a cien africanos. Diez médicos le roban la comida a mil hombres africanos. Cien médicos europeos matan de hambre a diez mil mujeres africanas. ¿Por qué le llaman ayuda humanitaria a semejante farsa y corrupción?

Los profesionales que trabajamos por el desarrollo de nuestras naciones, incluso los médicos, tenemos que soportar la inexperiencia y prepotencia de los cooperantes, que llegan a decirnos qué y cómo tenemos que hacer las cosas. Los médicos europeos llegan fardando en vehículos nuevos y con miles de dólares, confundiendo a nuestra gente, haciéndoles creer que los van a sacar de la miseria, haciéndoles creer que llegan a ayudarles desinteresadamente. Llegan unos cuantos meses y se van. Después llegan otros, con otras tonterías, que también se marchan. Todos llegan a crear falsas ilusiones. Mientras están en nuestros poblados, los nativos que promovemos el desarrollo, no podemos hacer prácticamente nada, porque son los señoritos internacionalistas los que toman las decisiones. Nos someten a su competencia desleal, porque ellos llegan regalando donativos, mientras nosotros exigimos trabajo. Así siempre somos nosotros los malos y ellos siempre los buenos. Cuando se van, tenemos que iniciar la desprogramación colectiva, para reactivar nuestra labor. Enseguida llegan otros, de otras naciones e instituciones humanitarias, con otras babosadas, a tirar por el suelo nuestro trabajo. Estamos hartos de su falso humanitarismo. Nos hacen perder el tiempo y nos causan problemas estúpidos. Tanta experiencia hemos adquirido combatiendo sus desastres, que ahora somos capaces incluso de reprogramar su desarrollo en Europa.

¿Cómo es posible que un joven europeo que acaba de egresar de una universidad primermundista llegue a ordenarnos lo que tenemos que hacer? ¿Por qué un inexperto e improductivo cooperante español tiene que cobrar tanto dinero? ¿Acaso no es un fraude que un cooperante español esté en una nación árabe devengando un salario mensual equivalente al salario que ganan 165 trabaja­dores árabes? A nuestras naciones envían cooperantes europeos que ganan ocho mil dólares mensuales y más. Ellos dicen que son cooperantes y nosotros, por lo que cobran, los reconocemos como mercena­rios. Las instituciones benéficas europeas a nuestras naciones envían cooperantes que se roban miles de millones de pesetas. Los dirigentes asistencialistas nos envían estafadores. Son inconsecuentes. Son negligentes. Son cómplices. Son corruptos. Están desfasados. Llegan a nuestros pueblos con programas asistenciales que son diseñados a miles de kilómetros de distancia por personas ineptas e inescrupulosas que continúan tratando los problemas con las mismas ideas que comenzaron a utilizar hace cincuenta años. A sus jóvenes voluntarios y cooperantes le inculcan lo mismo, su hipocresía. Son hipócritas, porque cuando les presentamos nuestros planes de trabajo, nos ayudan, incluso en Madrid, dándonos su basura, que tiramos a la basura porque no nos sirve para nada; mientras ellos disfrutan de sus lujosos vehículos, de sus cómodas residencias, de sus excelentes salarios, de sus comilonas y fiestas, de sus modernas computadoras, de sus sofisticados equipos de comunicación y reproducción de textos, de su bienmontada fama de desinteresados cooperantes, de sus exóticas vacaciones en las playas del Océano Pacífico y del Mar Caribe. ¿Acaso no saben los dirigentes de los Médicos Del Mundo quiénes son realmente cada uno de ellos?

El mismo maltrato que nos dan en nuestros países, también aquí nos lo dan. ¿Acaso este año los Médicos Del Mundo no nos donaron a los salvadoreños la basura que recibieron en su oficina principal de Madrid, mientras ellos se quedaron con todas las computadoras buenas que recibieron —según ellos mismos nos dijeron— de la Universidad Nacional a Distancia? ¿Acaso no estaban contentos porque Renfe les estaba preparando la entrega de otro gran donativo de computadoras? ¿Acaso no nos echaron a la calle a los de la Fundación Empresarios Sin Fronteras porque les exigíamos que nos dieran por lo menos una computadora que estuviera en condiciones de trabajar? ¿Acaso no tiramos a la basura la fotoco-piadora vieja que no servía y el escritorio y las sillas que estaban rotas? En España los Médicos Del Mundo ni siquiera buena medicina nos dan a los extranjeros. Aquí nos atienden mal y en nuestros países, mucho peor. En las consultas son aprendices los que nos atienden, médicos recién egresados, sin expe­riencia, que nos utilizan como cobayas para aprender. Nos utilizan para recaudar miles de millones de pesetas y en Madrid, porque no tienen suficientes medicinas, nos dan recetas para que las compremos en las farmacias por nuestra propia cuenta. Y los pobres extranjeros tenemos que ir a la calle, a rebuscarnos la vida, para conseguir el dinero que cuestan sus dichosas medicinas, mientras ellos mantienen depositadas centenares de millones de pesetas en las cuentas bancarias.

Los Médicos Del Mundo se dan ínfulas de grandes señoritos. Cuando llegamos enfermos nos conceden cita para dentro de tres u ocho días. Tanta farsa para que nos atiendan a unos poquitos pacientes diarios, de lunes a viernes, en horas de oficina, excluyendo los sábados, domingos y festivos. ¿Por qué la mayoría de las instituciones benéficas en Madrid no nos atienden durante el mes de agosto? Este año hasta cuarenta y cinco días han pasado cerradas algunas instituciones benéficas durante el verano. ¿Acaso los pobres estamos de vacaciones durante esa temporada? Tanto gasto y tanta publicidad, tanto humanitarismo, tanta burocracia, tanta hipocresía, tanta farsa, tanto tiempo esperando, para tan poca cosa, para que nos den un simple pedazo de papel. Y, para terminar de fastidiarnos, la medicina que recetan ni siquiera cura, sino que simplemente alivia el malestar, cuando logran acertar. Para curarnos, dos o tres meses después de estarnos aplicando su medicina recetada, tenemos que ir a la consulta de otro médico con experiencia, que nos atiende el mismo día que llegamos y que nos receta la medicina apropiada,.que nos cura la enfermedad, en una semana de aplicación. Si en las pequeñas enfermedades son malos, en las grandes son peores, ni siquiera nos atienden. Cuando las enfermedades son graves no vamos a Médicos Del Mundo, sino que nos presentamos en el servicio de urgencias de los hospitales y centros de salud de la red pública, donde nos atienden de inmediato, como a cualquier otro ciudadano y trabajador español. Ni siquiera ambulancias tienen para trasladarnos a los hospitales en casos de emergencia. Los vehículos que tienen, aunque parecen ambulancias, los utilizan para trasladarse ellos de un lugar a otro, para andar pidiendo dinero casi siempre, para lucir por las calles el logotipo de su estafadora asociación médica.

Ellos dicen que somos desagradecidos. Se equivocan. Somos trabajadores y preferimos tener un puesto de trabajo, tanto aquí como en nuestros respectivos países, con pleno derecho a la seguridad social y a todas las demás prestaciones sociales y familiares derivadas de un salario devengado en cualquier empresa privada o pública. Los latinoamericanos a muchas instituciones benéficas les caemos mal, porque no les aceptamos su inoperancia. Si nos van a atender, que nos atiendan bien, que para eso ya les pagamos demasiado bien y por adelantado. Ellos dicen que nos atienden gratuitamente. Eso es mentira. Todos nuestros continentes, con infinitas riquezas materiales, ya les hemos pagado demasiado bien a Europa, por anticipado, todos los servicios que nos están debiendo. Tenemos pleno derecho a cobrar la Deuda Social y es por ello que les exigimos que nos la paguen, incluso brindándonos excelentes servicios. Los Médicos Del Mundo dicen que son honrados, entonces que nos paguen todo lo que nos deben. Jamás podrán pagarnos toda la Deuda Social.

Muchos mercenarios europeos han perdido el juicio. Continúan creyéndose el centro del universo, aún continúan creyendo que la tierra no se mueve. Blos quieren que les demos las gracias por lo que hacen, sin darse cuenta que cada uno de los seres de este planeta somos una efímera aportación de la existencia. Fray Diego de Landa llegó a nuestra tierra a quemar las crónicas de los mayas. Fray Vicente de Valverde llegó a asesinar al Inca Atahualpa. Fueron los mismos inquisidores que se cargaron a Galileo Galilei los desgraciados que han estado juzgando y condenando a nuestros pueblos. Los inquisidores europeos siempre vivieron y murieron engañados, causándole daño a todo el mundo, mientras ellos se creían los más puros y buenos del planeta. Lo mismo le pasa a muchos cooperantes en la actualidad. Y, en cuanto comenzamos a indagar su vida, nos damos cuenta que son auténticos sepulcros blanquea­dos, pura fachada, blancos por fuera y podridos por dentro. Por eso nos maltratan, porque se creen superiores, porque no quieren reconocer quiénes son en realidad.

Si los Médicos Del Mundo a unos le pagan más que a otros y si algunos trabajan sin cobrar nada, si lo que recaudan no se lo reparten con equidad, ese ya no es nuestro problema. Si piden dinero para curarnos, es para que nos curen, no para que nos engañen. La buena voluntad no justifica ninguna inoperancia e intransigencia. Nuestra sola presencia les disgusta, porque les reclamamos la verdad. Allá llegan a despilfarrar el capital que nos pertenece a los pobres, al igual que lo despilfarran aquí. Allá llegan a engañar a todos nuestros compatriotas, al igual que aquí tienen engañados a todos los españoles. Ni siquiera sus cooperantes están bien informados. Si los tuvieran bien informados, no habría sido tan ingenuo el médico español que cometió el error de cuestionar ante el Defensor del Lector la publicación de El País relativa al salario humanitario. Como ellos son superiores, se permiten el lujo de reclamarle a El País una rectificación pública, mientras a nosotros nos echan a las calles de Madrid. ¿Para quién entregan los donativos los españoles solidarios? ¿Acaso no son para los pobres? Todo el capital que ellos reciben, nos pertenece a los pobres. ¿Por qué diablos despilfarran lo que es nuestro? ¿Por qué hay tanto secretismo y frialdad en los Médicos Del Mundo? ¿Por qué ocultan la corrupción? ¿Por qué nos siguen tratando como si fuéramos imbéciles? ¿Por qué los pobres no podemos auditar todas sus cuentas las veces que nos apetezca cada año? ¿Por qué no podemos revisar y cambiar los estatutos y las malas costumbres que están perjudicando nuestras vidas? ¿Por qué los pobres no podemos rediseñar y dirigir los programas de las instituciones que están a nuestro servicio y que nos pertenecen legítimamente? Las instituciones benéficas se financian con el capital que nos pertenece a los pobres y es por ello que nos pertenecen a los pobres. Ya saltará más de algún leguleyo tratando de demostrar su ignorancia, rasgando sus vestiduras. Las leyes naturales que nos amparan a los pobres, no tienen nada que ver con las perversas leyes que se han inventado los ricos y corruptos asistencialistas.

No nos continuarán engañando. De un tiempo acá los médicos españoles están gastando decenas de millones de pesetas para incentivar el cultivo de unas cuantas parcelas de tierra en nuestras naciones, que nunca olvidan de grabar en videos para presentarlos aquí como pruebas de que están promoviendo el desarrollo de nuestros pueblos. ¿Desde cuándo los médicos son expertos agricultores? Así nunca serán nada, ni chicha, ni limonada. Pretenden curarnos y engañarnos con miserias que nos cuestan millones de muertos y billones de dólares cada año. Llegan a un sitio y se van. Van a otro y también desaparecen. Parecen caricaturas de quijotes con panza Parecen fantasmas que todo alivian y no curan nada. No tienen ningún programa de desarrollo. Siempre están improvisando. Son los parcheros del desastre.

A los Médicos Del Mundo y a los Módicos Sin Fronteras los preferimos así, sin sus chulerías, sin sus falsas apariencias humanitarias. Preferimos negociar con médicos interesados, con médicos necesitados, con lo que en realidad son. Blos tienen el mismo interés que nosotros, ganarse la vida, el sustento diario. Que sean honestos. Que trabajen aquí con salario justo, con contrato laboral y seguridad social, conforme al Estatuto de los Trabajadores. B que quiera ir a trabajar a nuestros pueblos, por solidaridad, que cobre el mismo salario que cobramos allá, en igualdad de condiciones a nosotros, trabajando con nosotros, a nuestro ritmo, en nuestras obras. B que quiera ir de turista, que trabaje en cualquier empresa española, que ahorre parte de su salario y que vaya por su propia cuenta, al país que prefiera, todos los años si quiere, como cualquier hijo de vecino, pagando todos sus gastos personales y transporte. ¿Por qué en nuestros países tenemos que andar sirviéndole de guías turísticos a los mercenarios españoles? ¿Por qué nosotros tenemos que andar durmiendo en las calles y montes mientras nuestros queridos módicos europeos disfrutan de sus grandes salarios y privilegios? ¿Acaso no sabemos en B Salvador los millones de pesetas que pagaban mensualmente de alquiler para residir en las lujosas mansiones de nuestras ciudades? ¿Acaso nuestros queridos médicos europeos no se han estado burlando de todos nuestros pobres? ¿Acaso no somos los pobres los que les pagamos con nuestra sangre sus elevados salarios y extravagantes vacaciones solidarias? ¿Acaso no es gracias a nuestro sufri­miento que los mercenarios se permiten todo tipo de lujos? ¿Acaso no son paternalistas farsantes y estafadores? ¿Acaso no estuvimos en Barcelona para presentarles nuestra iniciativa laboral a nuestros queridos Médicos Sin Fronteras y ni siquiera nos atendieron? Nos dijeron que estaban en una importante reunión y que estaban en plena campaña. Ya lo dijo nuestro Divino Maestro: «Dejad que los muertos entierren a sus muertos.»


 
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